El Circo Volante de "Milenio 3"

 

Para triunfar en la vida hay dos fórmulas: ser absolutamente innovador, o convertirse en imitador de quienes han tenido éxito. Ambas fórmulas son arriesgadas: puede que las innovaciones no funcionen, y es posible se acabe rechazando al imitador al que se le ve demasiado el plumero. Pero todo consiste en saber con qué público nos las tenemos que ver: en un ambiente culto la innovación de calidad puede tener éxito, sin duda. Y en un panorama como el que nos ofrece el fabuloso mundo del Circo Paranormal probablemente no haya el suficiente sentido crítico como para que se rechace al imitador.

Y éste último es, probablemente, el secreto del éxito de Iker Jiménez: la imitación. ¿Para qué arriesgarse a inventar nuevos métodos si su público acepta mansamente los de siempre? ¿Para qué intentar salir de la mediocridad reinante en la investigación de lo paranormal si los aficionados a los misterios buscan precisamente esa mediocridad? ¿Para qué innovar, si se puede triunfar imitando?

Así que, para su última iniciativa, en lugar de estrujarse las neuronas ha tirado de archivo y ha dado con una más de esas novedosas fórmulas del éxito: la Alertas Ovni.

Para quienes, como un servidor, van peinando canas (bueno, para ser exactos, yo peinaría canas si tuviese pelo, pero eso no hace al caso) eso de las Alertas Ovni les sonará a conocido. Su auge se produjo allá en los años setenta y ochenta, cuando el inefable Antonio José Alés convocaba a los aficionados de todo el mundo mundial a escudriñar atentamente los cielos en busca de platillos voladores. Y los encontraban, por supuesto: cuando se reúnen tantos individuos que reúnen la doble condición de creyentes en marcianos y, por lo general, ignorantes en cuestiones astronómicas, meteorológicas o incluso en los horarios de los vuelos regulares de las líneas aéreas, es inevitable que la aparición de alguna lucecita poco familiar en el cielo se convierta por arte de fe en una flota de ganimedianos dispuestos a darnos un espectáculo de acrobacias aéreas.

Lo cual no quiere decir que las Alertas Ovni fuesen un fracaso, ni mucho menos. Por un lado, en efecto permitieron avistar muchos ovnis: para los inocentes testigos, el avión de Palma de Mallorca, el satélite pasando por el cielo o Júpiter visto en una de esas noches en las que parece brillar más que con fuerza, con insolencia, eran indudablemente objetos voladores no identificados. Y para los más espabilados, para quienes sí que eran capaces de identificar el vuelo de Iberia, la trayectoria del Skylab o la identidad del gigante gaseoso, supuso un abrir de ojos: nada como escuchar a un afamado investigador de lo paranormal explicando que en realidad aquellas luces, a pesar de todo, eran platillos volantes, para darse cuenta de que le están tomando el pelo a uno...

Pero todo pasa, y aquella moda también. El interés por los ovnis fue sustituido poco a poco por el gusto por las supuestas filosofías orientales, las terapias alternativas, las creencias “new age” y mil y una majaderías que en el fondo son bastante similares a la fe platillista, pero que al menos no exigían pasar una noche al raso mirando para arriba a ver si se aparecía algún marciano. Las Alertas fueron languideciendo y pasaron a ser una actividad marginal. Una antigualla.

Pero hete aquí que se nos aparece Iker desde su programa de radio “Milenio 3” y decide resucitar el invento. ¡Y de qué modo! La Alerta del próximo 25 de junio no es una Alerta, es una MacroAlerta con toda la parafernalia y el esplendor que exigen los nuevos “timepos”. Como explica en su página web (http://www.ikerjimenez.com/) con su prosa y, sobre todo, su ortografía inimitables, la Alerta va a ser una especie de espectáculo multimedia de última tecnología, con no sé cuantos trillones de watios de luz y sonido repartidos entre el camión de los “40 principales”, las proyecciones de vídeo, toda clase de conexiones digitales a internet y “un sinfín de sorpresas”.

Y puede que las haya, sí. Luis Alfonso Gámez, desde su bitácora “Magonia” ha convocado un concurso de creación de ovnis con los que amenizar la “noche mágica” de Iker. Una iniciativa divertida y que sin duda tendrá éxito, aunque en la lista de correo que coordina el concurso estén presentes varios ufólogos aficionados y que, es de suponer, estarán preparados para ir corriendo a sus jefes a darles el chivatazo de lo que allí se cueza. Pero no hay problema: si la ufología española ha sido capaz de identificar como un aterrizaje ovni al avistamiento de una tienda de campaña con un señor dentro (a la sazón, un cura) y cuenta como un genuino encuentro en la Tercera Fase el hallazgo de un humanoide que resultó ser un globito de feria (con la vera efigie del Ratón Mickey, para más señas), no cabe duda de que muchos de los globos, luces estroboscópicas y demás parafernalia de los participantes en el concurso colarán. Y que, más aún, quedarán inscritos para siempre en los anales del fenómeno ovni.

Porque da igual: la Alerta de Iker Jiménez será un éxito. De hecho ya lo es, incluso antes de haberse celebrado. Al fin y al cabo, el triunfo de Iker y de los demás mercachifles de lo paranormal no está en poder presentar en rueda de prensa a una pareja de venusianos, o demostrar científicamente la telepatía, o en plantarse en el Museo de Historia Natural con un Yeti metido en una jaula. Ni lo pueden hacer, ni lo esperan, ni les conviene (porque si un misterio se aclara, deja de ser vendible como misterio). Nada de eso. Su triunfo consiste en seguir abriendo brecha en la racionalidad, en ir extendiendo poco a poco la superstición, la ignorancia y la memez. En seguir ganando público para el Circo de lo Paranormal.

Y eso ya lo tienen garantizado. Para esta Alerta, Iker Jiménez cuenta con la colaboración de la Cadena SER, esa poderosa emisora de radio que con programas como Milenio 3 demuestra todas las semanas que la veracidad y el rigor no son una actitud, sino una simple cuestión de imagen. Entre los lugares donde se celebrarán las Alertas, Iker relaciona nada menos que al Museo de las Ciencias de Cuenca, participación que si no fuera por lo tópico de la frase podríamos comparar con eso de meter la zorra a cuidar de las gallinas. Y la anunciada cobertura de medios de comunicación supuestamente serios, algunos incluso públicos, proporciona suficiente propaganda como para garantizar que algún pardillo más se enrole en las huestes de lo irracional.

Y ya ven: todo eso, simplemente resucitando un invento más rancio que el tebeo. Así que la pregunta es qué nueva estupidez rescatará Iker de su particular “Túnel del Timepo”. ¿Nos hablará de las Caras de Bélmez? ¿Sacará a colación las patéticas Piedras de Ica?

La solución, la próxima semana en su programa de humor favorito: el Circo Volante de Misterio 3. En la SER. Que, ya saben, “informa”.

 

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VI/04