Hamer detenido... afortunadamente

 

La semana pasada la policía española, en cumplimiento de una “Euroorden”, procedió a la detención de Gerard Ryke Hamer para ponerlo a disposición de las autoridades francesas.

Dicho así, no parece gran cosa como noticia. Todos los días la policía detiene a delincuentes españoles o extranjeros, y en la inmensa mayoría de los casos apenas merecen una mención en la sección de sucesos; mucho menos una noticia destacada o, como en este caso, un artículo en un boletín digital de difusión del pensamiento crítico. Pero es que Gerard Ryke Hamer no es un delincuente cualquiera: es nada menos que el fundador de un nuevo paradigma pseudomédico: la denominada (por Hamer y sus seguidores) “Nueva Medicina”.

El doctor Hamer... bueno, corrijamos: el señor Hamer. Lo de “doctor”, correspondiente a su titulación como médico, pero en 1986 fue inhabilitado por un tribunal por dedicarse a prácticas pseudomédicas y poner en peligro la vida de sus pacientes. Uno de los muchos episodios judiciales que salpican la trayectoria de este charlatán que ahora parece encaminarse a pasar una larga temporada alojado en régimen de pensión completa por cuenta del Estado francés.

El señor Hamer, decíamos, siguió una carrera profesional poco relevante hasta que a finales de los años 70 una serie de acontecimientos digna del guión del culebrón más cutre trastocó su vida. Todo comenzó en 1978: en el transcurso de una fiesta a bordo de un yate, el príncipe Amadeo de Saboya no tuvo otra ocurrencia que disparar un rifle de cazar elefantes. No parece que apuntase a nadie en concreto, pero el proyectil, tras uno o dos rebotes, fue a impactar en uno de los hijos de Hamer, Dirk, que se encontraba en otro barco. Dirk Hamer, que entonces tenía 19 años, murió cuatro meses después a consecuencia de las heridas sufridas. Y esta tragedia no se quedó sola: poco tiempo después, el todavía doctor Hamer era diagnosticado de un cáncer de testículos, enfermedad a la que siguió la de su esposa, a la que se le detectó un cáncer de pecho.

Según sus seguidores, aquella serie de incidentes fue lo que desencadenó la intuición genial que llevó a Gerard Hamer a desarrollar sus teorías. Según los más bondadosos de sus críticos, lo que desencadenó fue su definitivo desequilibrio psíquico. Sea como fuere, en 1981 el doctor Hamer presentó públicamente su “Ley de Hierro del cáncer”, calificada como “piedra angular de la Nueva Medicina”.

La “Ley de Hierro” postula que el cáncer tiene su origen en un conflicto psíquico o emocional que Hamer, en honor a su hijo, bautizó como “DHS” o “Síndrome Dirk Hamer”. El “DHS”, localizado en el cerebro, provocaría como respuesta del organismo un cáncer o una “enfermedad relacionada con el cáncer”. A partir de esta hipótesis, Hamer desarrolló otras cuatro “leyes biológicas” igual o aún más disparatadas.  Así, la “Segunda Ley Biológica” establece que lo que conocemos como enfermedades no son tales, sino fases en la evolución del proceso desencadenado por el “DHS”: una primera fase se correspondería al daño fisiológico provocado por el “DHS”, y se manifestaría como una “enfermedad fría” (es decir, alguna de las enfermedades en las que los pacientes presentan hipotermia, especialmente en las extremidades), para a continuación desencadenarse lo que la medicina identifica (erróneamente, según Hamer) como “enfermedad caliente”, en la que los pacientes manifiestan temperatura alta en manos y pies e incluso fiebre, y que en realidad sería simplemente la fase en la que el organismo cura los daños causados por el “DHS”. Una curación que, sorprendentemente, se realiza mediante la benéfica labor de los microbios, dirigidos por el cerebro. Otras “Leyes” nos hablan de la supuesta correlación entre la naturaleza del “DHS” y el lugar del cerebro donde se implanta con el tipo de cáncer, o establecen que en realidad las enfermedades son simplemente procesos biológicos saludables mediante los cuales el organismo reacciona frente al dichoso “DHS”.

Naturalmente, partiendo de estas premisas Hamer y sus seguidores no se limitan a afirmar que para curar el cáncer lo que hay que tratar es el “DHS”: dado que las enfermedades en sí son procesos saludables, cualquier intento de curarlas sería en realidad perjudicial. La causa de que fallezcan tantos enfermos de cáncer, según Hamer, no es la evolución del cáncer, sino los tratamientos aplicados por la “medicina convencional”, que por tanto deben evitarse a toda costa.

Hamer y sus seguidores aseguran que sus ideas han sido empíricamente comprobadas y validadas por numerosos estudios (aunque, por supuesto, nunca citan ninguno verificable). Sin embargo, la práctica totalidad de la profesión médica las considera un completo disparate y se resiste a aplicarlas. ¿Por qué? Pues nada menos que porque existe una gran conspiración para acabar con la Humanidad. Según Hamer y sus seguidores, los judíos (dirigidos, curiosamente, por el Papa) han conseguido matar a más de dos mil millones de personas con sus tratamientos a base de morfina, quimioterapia y radiaciones. Los astutos judíos aplican la “Nueva Medicina” a sus propios correligionarios en hospitales de Tel a Viv, pero en el resto del mundo, proclaman los seguidores de Hamer, emplean terapias “convencionales” con el objetivo de liquidar al resto de la Humanidad.

Con semejantes afirmaciones, no es extraño que las doctrinas de Hamer hayan encontrado eco en sectores tan dispares –o quizá no tan dispares- como la “New Age” y los movimientos neonazis. Elogios a la doctrina de Hamer pueden encontrarse en publicaciones dedicadas a la astrología (que serviría para diagnosticar la naturaleza del “DHS”) y las “terapias alternativas” (que muchas veces también intentan establecer una relación entre la enfermedad y los estados anímicos), pero también en revistas y libros de grupos neonazis y ultraderechistas. Las tesis de Hamer son citadas por los “disidentes” del SIDA como apoyo a su tesis de que la enfermedad no tiene su causa en el VIH (dado que para Hamer los “microbios” no son agentes de una enfermedad, sino medios que el cerebro emplea para la curación del cuerpo), y las revistas de lo paranormal se deshacen en elogios hacia sus visiones “alternativas” y su “rebeldía contra el establishment científico y la medicina oficial”.

Y sus pacientes, mientras tanto, corren el riesgo de morir. El caso más famoso en que se vio implicado Hamer fue el de Olivia Pilhar, una niña a la que se le detectó un cáncer cuando tenía seis años. Olivia empezó a ser tratada con quimioterapia, pero sus padres, convencidos por el doctor Hamer, se negaron a que prosiguiera el tratamiento y la confiaron a los “cuidados” del charlatán. Ante el riesgo de muerte de la pequeña, los responsables del hospital solicitaron una orden judicial para que prosiguiera el tratamiento médico, pero durante el proceso los padres de Olivia se la trajeron a España, donde siguió siendo “tratada” por un seguidor de Hamer. Afortunadamente, la intervención de numerosos médicos austríacos y la intercesión del propio Presidente de la República lograron repatriar a la niña. Cuando Olivia ingresó de nuevo en el hospital, el enorme tumor canceroso pesaba ya varios kilos. Por suerte, un enérgico tratamiento de quimioterapia consiguió salvar su vida.

Sin embargo, el caso de Olivia fue una excepción. La inmensa mayoría de los pacientes tratados con la “Nueva Medicina” acaban falleciendo víctimas del cáncer, el SIDA y las restantes enfermedades que Hamer y sus secuaces se niegan a tratar. Empezando por la propia esposa de Hamer, que falleció a consecuencia de su cáncer de pecho en 1985. Esta circunstancia ha provocado que en varios países del mundo se hayan abierto procesos judiciales contra Hamer y sus seguidores; especialmente en Francia, donde la UNADFI (Unión Nacional de Defensa de las Familias y del Individuo, una importante asociación dedicada a la lucha contra las sectas destructivas) ha ejercitado la acusación particular en varios juicios por ejercicio ilegal de la medicina y negligencia profesional con resultado de muerte. La “Euroorden” a consecuencia de la cual Hamer fue detenido la semana pasada tiene su origen precisamente en uno de esos procedimientos, en el cual Hamer fue condenado a tres años de prisión por complicidad en el ejercicio ilegal de la medicina. Hamer ha cumplido ya condenas de prisión en Alemania, y probablemente le esperen otras en Francia, Bélgica y otros países en los que tiene pendientes numerosos juicios, que no se han celebrado porque el charlatán se negaba a salir de España alegando, irónicamente, “problemas de salud”.

Además de los juicios penales, Hamer y sus seguidores han sido objeto de la atención de los Colegios e instituciones médicas de medio mundo, que por una vez han dejado de lado su tradicional benevolencia hacia las terapias “alternativas” dada la peligrosidad de la “Nueva Medicina”. Las inhabilitaciones a seguidores del doctor Hamer se cuentan por decenas. En España, el caso más conocido es el de Vicente Herrera y Adell, inhabilitado por el Colegio de Médicos de Barcelona a causa de haber aplicado el “método Hamer” a una paciente que, naturalmente, falleció víctima de cáncer.

La noticia de la detención de Hamer ha causado una oleada de comentarios en diversos medios. En algunos casos han sido de indignación: los seguidores de Hamer, evidentemente, han protestado por lo que consideran una reacción de los poderes establecidos y de la “medicina oficial” contra un pensador heterodoxo y revolucionario. Pero la mayoría simplemente han manifestado su incredulidad: ¿por qué, con tanto charlatán suelto, la emprenden contra el “pobre” “doctor” Hamer?

Quizá la mejor respuesta la podemos encontrar en el informe que sobre la “Nueva Medicina” elaboró el Grupo Suizo de Estudios sobre Métodos Complementarios y Alternativos para el Cáncer:

“Consideramos que el método promovido por Hamer es peligroso, especialmente porque induce a los pacientes a una falsa sensación de seguridad que hace que prescindan de otros tratamientos efectivos. En tanto en cuanto Hamer siga sin presentar ninguna evidencia convincente en apoyo de sus hipótesis, y mientras la eficacia de la “Nueva Medicina” siga sin demostrarse científicamente, debemos rechazar enérgicamente este método. En muchos aspectos, la teoría de la “Nueva Medicina” contradice los hallazgos de la medicina científica, no sólo en términos de la etiología y diagnosis del cáncer, sino también en cuanto al desarrollo y el tratamiento de la enfermedad.”

Se puede decir más alto. Pero no más claro.

 

Resulta bastante evidente que Hamer es un charlatán, ¿verdad? De modo que era de esperar que encontrásemos un magnífico comentario sobre él en "El retorno de los charlatanes".

 

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IX/04