Mil Kilómetros tras los Caras

 

Uno de los (muchos) reproches que los "misteriólogos" nos hacen a los escépticos es aquello de que no levantamos el culo del sillón. Es un reproche bastante estúpido; en primer lugar, porque muchas veces lo que hacemos no es investigar un supuesto fenómeno sino analizar las "investigaciones" (por decir algo) que llevan a cabo los magufos, y para eso uno la única necesidad que hay de levantarse del sillón es la de ir al baño de vez en cuando para evitar orinarse uno encima (de la risa).

Pero en otros casos sí que investigamos los fenómenos en sí, y por supuesto que nos levantamos del sillón. Esta es mi pequeña crónica de uno de esos "levantamientos", que me llevó nada menos que a ver las famosas...

 

Pero vayamos por partes. La iba a ser una investigación seria, así que hacía falta ante todo una cosa: el chaleco multibolsillos. Como es de sobra conocido, todo investigador de lo paranormal debe llevar ante todo un chaleco. En nuestro caso escogimos un modelo similar al que se sorteó en la comida escéptica levantina del 19 de noviembre de 2005, que como puede comprobarse queda la mar de aparente:

El otro elemento es un todoterreno.

A diferencia del chaleco multibolsillos, los escépticos suelen minimizar la importancia del todoterreno (escrito así, todo junto) para la investigación de lo paranormal. Craso error. Para empezar, un vehículo de este tipo es mucho más robusto que un automóvil normal; por ejemplo, los todoterreno montan amortiguadores mucho más resistentes que, pongamos por caso, un BMW serie 7, lo que siempre es una garantía a la hora de enfrentarse a espíritus con ganas de cachondeo. Por otra parte, la facilidad para desplazarse por caminos sin asfaltar o en mal estado siempre es una garantía para el investigador, que de este modo podrá hacer muchos más kilómetros que con un coche normal, constreñido a desplazarse siempre por carretera. Pero, sobre todo, uno de estos vehículos nos permitirán escribir cosas con genuino sabor a investigador de los misterios misteriosos, como por ejemplo algo así:

11:01 de la mañana. El rugido del potente motor del todoterreno servía de inmejorable telón de fondo a los pensamientos que desde hacía varios días sacudían mi temblorosa mente...

Por supuesto, hay otros elementos interesantes: cámaras de fotos, grabadoras de vídeo, coladores para hacer jaulas de Faraday (¡si el pobre levantara la cabeza!), un magnetófono para captar psicofonías, un tablero de "ouija", una cámara kirlian, un detector de mentiras para enchufar a los geranios... Pero lo básico, lo fundamental es eso: el chaleco multibolsillos y el todoterreno.

Y como ya los tenemos, pues vamos a ello.

 

Bélmez de la Moraleda.

Bélmez de la Moraleda es un pequeño pueblo sito en plena Sierra Mágina, en la provincia de Jaén. Tanto el pueblo como el paraje que lo rodea son encantadores, y bien merecen una visita: el paisaje de la Sierra, coronada por el Almadén; el hermoso valle formado por la confluencia entre el Guadiana Menor y el Guadalquivir; las cercanas poblaciones de Úbeda y Baeza... la zona tiene multitud de atractivos, y sinceramente es una pena que Bélmez no sea conocido por su castillo, o sus fuentes, o las mil y una rutas serranas que parten del pueblo, sino por el que para muchos sigue siendo "el misterio paranormal más importante de todos los tiempos": las "Caras de Bélmez".

A los lectores habituales de esta página o de "El Fondo del Asunto" no hará falta hablarles demasiado del tema. Desde su aparición supuestamente misteriosa hasta las investigaciones llevadas a cabo sobre las "Caras" (las investigaciones de verdad y las "misteriológicas") o la aparición de lo que ya viene siendo conocido como "Caras del SEIP", casi todo lo hemos ido tratando aquí y allá. Así que permítanme que pase por alto la introducción, digamos, "faciológica", y me evite problemas por citar lo que al fin y al cabo no deja de ser una marca registrada.

En lugar de eso, vamos directamente al grano:

11:01 de la mañana. El rugido del potente motor del todoterreno servía de inmejorable telón de fondo a los pensamientos que desde hacía varios días sacudían mi temblorosa mente...

Esteee... bueno, vale. Pero que conste que eran las once y un minuto de la mañana, ¿eh? Y que estaba temblando.

De frío, claro.

El camino al pueblo permite disfrutar de un paisaje precioso, aunque en nuestro caso el tiempo no acompañara demasiado. Pero, en fin, aunque fuera entre nubes bajas y rachas de lluvia ocasionales, lo cierto es que pudimos entrever las cumbres de Sierra Mágina, que se iban llenando de nieve, mientras nos aproximábamos a Bélmez. 

Llegar al pueblo es sencillo: se encuentra en un desvío de la carretera correctamente señalizado. Pero por si tuviéramos alguna duda, las autoridades han tenido el detalle de colocar un vistoso panel que, entre numerosos atractivos -de los de verdad- informa que por allí se va a ver las famosas "Caras". Supongo que es una manera de atraer al pueblo el turismo, aunque no deja de ser una pena que la gente acuda por eso. En fin...

Una vez en el pueblo, la visita a las "Caras" también es sencilla: desde la plaza del pueblo, y junto a la iglesia, no tenemos más que alzar la vista para encontrarnos con un significativo cartel:

Sí, la calle se llama así. En serio.

La callecita nos lleva a otra más grande, pero tampoco hay pérdida. En primer lugar por el nombre de esta otra calle:

Y en segundo lugar, porque sobre la pared con la que nos topamos unos cartelitos (más artesanal uno, más mecanizado el otro) nos orientan en nuestra visita:

Así que vamos para allá.

 

La casa de las Caras.

Lógicamente, la visita debería empezar por la "antigua" casa de las Caras, aquella en la que dibujaron un Santo Rostr... digo, se apareció misteriosamente una teleplastia de lo más paranormal.

La casa se encuentra en la misma calle de María Gómez, en el número 5, frente a una fuentecita que han hecho hace un par de años.

La entrada es libre y más o menos gratuita. Y digo "más o menos" porque lo primero que uno se encuentra al entrar en la famosa "habitación de las caras" es una bandeja encima de la mesa, con algo de dinero, y en la que se supone que uno debe dejar "la voluntad". "Voluntad" que incluye una visita guiada a la habitación y el vestíbulo, aunque no el derecho a tomar fotografías o vídeo: los viejecitos que te reciben dejan eso meridianamente claro. Las razones no te las explican (ya lo hacen otros por ellos), pero son fáciles de adivinar por lo que cuentan en su -abundante- conversación.

Pero no nos adelantemos. Decíamos que al entrar casi lo primero que uno percibe es la bandejita famosa (que por lo visto, según algún investigador, no existe) y las "piezas maestras" de la exposición: "La Pava", colocada en una hornacina junto a la chimenea, y "El Pelao", en una gran losa de cemento puesta dentro de la propia chimenea. Esas son también las obras pictóric... estooo, teleplásticas que los viejecitos te enseñan en primer lugar, por su enorme relevancia. Y es que, si todas las Caras son paranormales, algunas son más paranormales que otras.

"La Pava" fue la primera de las Caras, la que ocupó aquella página del Diario "Ideal de Granada" del 16 de septiembre de 1971 en la que se dio cuenta por primera vez del "misterio" de Bélmez (y del negocio que suponía).

Sobre "La Pava" se han contado multitud de tonterías. Que si se ha desplazado con el tiempo, que si representa a un guardia civil muerto en el asedio a Santa María de la Cabeza, que si sus pupilas se dilatan con la luz... Sobre esto último se puede leer un interesante estudio, quizá el último que ha podido realizarse, hecho por María José García y Joaquín Abenza, que iluminaron la Cara con una potente luz que permitió comprobar que sus pupilas se dilatan tan poquito como las de un rostro dibujado en cemento. O sea, nada.

Lo del guardia civil también ha sido desvelado en una estupenda entrada de "Bajo el Volcán", la bitácora de Gerardo García Trío. Claro que el bueno de Gerardo no menciona una de las teorías que barajamos, y es que "La Pava" no sea más que un torpe intento de imitar al Santo Rostro conservado en la Catedral de Jaén. Algo que puede apreciarse simplemente comparando la fotografía original del periódico

Con otra del Santo Rostro (procedente de la estupenda web de Rafa Martos):

Pero especulaciones aparte, lo cierto es que lo del guardia civil no se sostiene ni lo más mínimo, y puede considerarse o bien uno de esos errores sin importancia a los que nos tiene acostumbrados Iker Jiménez en sus investigaciones o bien, como nos dijeron los viejecitos de la Casa de las Caras, "una mentira". Ustedes mismos.

Y queda la cuestión del desplazamiento del rostro. Gerardo García Trío también lo trata en su bitácora; yo sólo añadiré que resulta significativo que "La Pava" aparezca "desplazada" justo hasta que el borde de la placa de cemento coincide con la grieta que puede apreciarse en las primeras fotos. En fin...

Ah, y por supuesto que ha variado. Del aspecto original que tenía, torpe pero un tanto inquietante, ha pasado a estar redondeada y, la verdad, bastante decepcionante. La foto que aparece en el artículo de María José García y Joaquín Abenza, de hace apenas un año, nos muestra este aspecto lamentable:

Pero, en fin, ya saben ustedes cómo son estas cosas. Han pasado treinta y tantos años, y todos tendemos a ponernos fofos y regordetes con la edad. Y si encima, como cabe suponer, la pobrecita lleva tantos años sin que nadie le eche encima ni siquiera una manita de pintura, pues pasa lo que pasa. 

La otra "estrella" de la exposición es "El Pelao", una imagen que, a diferencia de "La Pava", sí que se conserva en plena juventud. Hela aquí, en una foto del diario "El Mundo":

Otra diferencia con "La Pava" es que de "El Pelao" no se cuentan tonterías como las que hemos visto, pero sí algunas de las típicas historietas que según los creyentes en la autenticidad de las Caras avalan el misterio. Tal y como narran los animosos guías de la casa, "El Pelao" fue trasladado a Valencia donde fue sometido a diversas investigaciones durante tres meses. La narración termina con un encogimiento de hombros (cuidado en ese momento con la vara con la que los ancianos señalan las teleplastias, porque con el entusiasmo te la pueden meter en un ojo) y un silencio que quiere decir que las investigaciones no dieron su fruto.

Y no es cierto. "El Pelao", en efecto, viajó hasta Valencia en octubre de 1975 para ser estudiado por el doctor Juan José Alonso, que dictaminó que

"En macrofotografía (primero de visu) encontramos que el contorno de la «cara» coincide con la huella de un zapato del 39; lo señalo en la foto correspondiente (foto 2), junto con otro posible tacón y puntos donde la distribución (¿al azar?) de la materia orgánica empastada en el mortero puede crear «imágenes»".

El informe completo (completo, completo, no como suelen citarlo los vendedores de misterios) está en Editorial Bitácora

En fin... el resto de la visita, la verdad, no resulta tan interesante. Como contó en su día Paco Máñez, el suelo de la casa ha sido recubierto por una especie de barniz transparente que, suponemos, tenía como finalidad preservar las "teleplastias", pero que en la práctica parece haberlas condenado a su paulatina desaparición. Quizá se trate de que a los espíritus no les va nada el barniz, o quizá, como diría algún incrédulo detractor de esos que tanto abundan últimamente, lo que pasa es que el mismo barniz que las protege impide que las vayan retocando para mantenerlas visibles. El caso es que las formaciones, algunas de ellas francamente espectaculares y que denotan una técnica pictórica muy buena, parecen irse borrando con el tiempo, sin que nadie tenga la posibilidad de darles unas pinceladitas de hollín y vinagre, sales de plata o simple Titanlux. Una pena.

Lo cual es, por cierto, la conclusión que nosotros sacamos de nuestra visita. Lo de la pena. Supongo que en su día aquello debió ser un negoc... perdón, un espectáculo floreciente y que de verdad daba miedo. La aparición de nuevos rostros y, sobre todo, las exageraciones de la prensa y los investigadores, convirtieron a Bélmez y su Casa de las Caras en ejemplo de fenómeno paranormal de esos que le suben a uno los cataplines a la garganta. Pero la cosa, que ya en su época no era en realidad para tanto, ha venido muy a menos. Lo dicho, una pena.

Y ha venido a menos a pesar de los denodados esfuerzos de Pedro Amorós y su SEIP por resucitar su rentab... perdón otra vez, su popularidad. Lo cual nos lleva a...

 

La Nueva Casa de las Caras.

Como sabrán a estas alturas hasta los niños del parvulario, en septiembre de 2004 Pedro Amorós y sus muchachos anunciaron a bombo y platillo que habían aparecido nuevas Caras en Bélmez, esta vez en la casa natal de María Gómez. Las descubrieron justo después de que, allí mismo, Paco Máñez les enseñase a dibujar Caras. Pero, en fin, esa es otra historia de la que hemos hablado ya mucho (y de la que probablemente hablaremos más aún).

El caso es que a raíz de aquello el atractivo turístico paranormal de Bélmez se ha duplicado, puesto que ahora se puede visitar también la pomposamente llamada "Nueva Casa de las Caras".

La "Nueva Casa" es muy diferente de la antigua. Para empezar en cuanto al trato: nada más llegar, una de las mujeres que atienden al público se lamenta de que en ese momento los "investigadores" no estaban en la casa, para acto seguido llevarnos por una empinada escalera hasta una improvisada "sala de espera" en la que estuvimos aguardando a que terminase su visita otro grupo de curiosos. Fue un ratito bastante largo, más que nada porque la señora se puso a contarnos una y otra vez la cantidad de gastos que les supone el mantenimiento de la casa, especialmente el consumo eléctrico, además del tiempo que pierde guiando a los turistas, y todo para conseguir únicamente "la voluntad", palabra que era como un mantra: la repitió como una docena de veces.

Claro que esta conversación sirvió para conocer algunos datos francamente curiosos -y hasta inquietantes-. La buena señora, por ejemplo, se quejaba de que la alcaldesa les había prometido repetidamente que iban a pagarles el consumo eléctrico de la casa, pero que hasta ahora sólo les daba excusas, argumentando que el pleno no había aprobado el gasto. Cosa curiosa si tenemos en cuenta que el grupo municipal de la alcaldesa, perteneciente al PSOE, goza de mayoría absoluta en el Ayuntamiento. Claro que más incongruente aún resultó enterarnos de que por lo visto sí que hay gastos que el Ayuntamiento está pagando: mientras se quejaba de tener que abandonar su propia casa para atender a los turistas, la señora explicó que la casa estaba abierta los fines de semana, pero que durante los días laborables podía ser localizada gracias a un teléfono que le había puesto (sic) el Ayuntamiento para que la localizaran quienes desearan ver la casa. 

Lo cual, por cierto, no era suficiente. Si ella o su hermana no podían atender a los visitantes, el Ayuntamiento -siempre según ella- enviaba al "aguacil", lo cual era otro motivo de queja puesto que era el agente quien, decía, se quedaba entonces con "la voluntad".

En fin, una serie de datos interesantes sobre los cuales quizá tendría que pronunciarse el interventor municipal de fondos.

La conversación siguió más o menos por este camino (una trayectoria orbital alrededor del pozo de gravedad que era el tema recurrente de "la voluntad") hasta que finalmente la habitación de las Caras se despejó y pudimos entrar. Y vimos...

Pues lo siento, pero no vimos gran cosa. Quienes estén familiarizados con las "investigaciones" de la SEIP sabrán que para Pedro Amorós y sus colegas cualquier mancha más o menos informe es una Cara Teleplástica, aunque para ello haya que remarcarla con rotulador, explicar por escrito qué es lo que hay que ver allí, y carecer además de sentido del ridículo. Y lo que se ve en la práctica totalidad del suelo de la habitación -o de las habitaciones, pues hay dos- es eso: manchas y más manchas sin forma alguna. 

Ciertamente los de la SEIP, previsores ellos, han llenado todo el suelo de flechitas que nos indican dónde tenemos que mirar, y las paredes de fotografías que nos instruyen de qué es lo que tenemos que ver. Pero, ¿qué quieren que les diga? Ni por esas. En la mayoría de los casos, donde la señora asegura solemnemente que hay una viejecita, o una cruz, o "bocas y ojos", ni un servidor ni los demás visitantes conseguíamos ver más que un suelo hecho una porquería.

Con algunas excepciones, eso sí.

La primera de ellas es, aseguran, nada menos que el retrato de María Gómez. 

Se trata, para variar, de una Cara bastante definida, aunque dibujada de una manera más bien torpe. Tanto, que como demostró en su día David Garcés, a quien realmente representa es a mi buena amiga Rocío.

Otra de las Caras evidentemente dibujadas (mal y, según dicen, por los espíritus de los hongos, pero sin duda dibujadas) es esta que no conocía: 

Se trata, como puede apreciarse (aunque la foto me saliera movida), de un guardia civil con su tricornio y todo. ¿Un intento de relacionar el supuesto fenómeno con lo de Nuestra Señora de la Cabeza? ¿Un aviso de los espíritus de la clase de escolta que deberían llevar algunos sinvergüenzas? Sólo el dibujante, ectoplásmico o de carne y hueso, lo sabe.

Y, en fin, para no cansarles más, aquí una que por lo visto descubrí yo solito. Según los "investigadores", aquí pueden verse varias teleplastias:

Pero yo, ¿qué quieren que les diga?, le encuentro muchísimo más parecido con un tal Pedro. Y no me refiero a Amorós, precisamente...

 

En fin, que el espectáculo de la "Nueva Casa de las Caras" da pena. 

Y sí, ya sé que antes dije que el de la antigua Casa también daba pena. Pero me refiero a otra clase de pena. Aquél inspiraba lástima. Éste, vergüenza ajena.

Probablemente a estas alturas alguien haya pensado algo así como que "claro, este tío es un detractor y dice eso para darle caña a Amorós". Bien, podría ser. Pero lo cierto es que esta impresión lamentable de la "Nueva Casa" no me la llevé yo sólo, ni quienes me acompañaban: los dos grupos con los que coincidimos (el que nos precedía y los turistas que entraron con nosotros) parecían opinar lo mismo, en vista de los comentarios que hacían a la salida. 

Y de hecho algo así deben pensar las dueñas de la casa. ¿Recuerdan que les contaba cómo, al llegar, lo primero que nos dijo una de ellas es que era una lástima que los "investigadores" no estuviesen en ese momento? Pues bien; sospecho que las señoras son perfectamente conscientes de que el verdadero espectáculo no está ni en las manchas del suelo, ni en las caritas torpemente dibujadas. El numerito que merece la pena contemplar es el de los "investigadores" montando su circo. 

Una pequeña muestra de ello es el énfasis que puso no sólo en contarnos las "investigaciones", sino incluso en enseñarnos alguna "prueba física" de ellas; en concreto, los agujeros de donde se tomaron esas muestras que la SEIP mandó a analizar. 

Análisis, por cierto, cuyos resultados seguimos esperando a pesar de que hace varios meses que nos vienen diciendo que van a salir ya mismo mismamente. ¿Quién sabe? Quizá en unos días...

Pero ese era sólo el aperitivo. Faltaba lo más sabroso: ver las "investigaciones" en vivo y en directo. Y eso, afortunadamente, también lo tuvimos. Y aunque no pudimos ver a Amorós y sus coladores, o, en fin, a alguien cultivando champiñones,  sí que se nos obsequió con el espectáculo de esta chica que rondaba por la terraza.

¿Que qué hacía? Buena pregunta. En teoría estaba midiendo puntos en los que la brújula se desviaba de su orientación normal. Lo malo es que eso era en teoría: en la práctica se limitaba a colocar la brujulita -de las de "todo a cien"- en puntos previamente marcados, y ni siquiera se molestaba en hacer como si tomase notas en la libreta que llevaba bajo el brazo. 

Aunque, bien, pensado, ¿para qué iba a hacerlo? Al fin y al cabo, cualquier aprendiz de albañil sabe perfectamente que lo de la brújula (y cuanto más mala, mejor) es el método más sencillo para detectar cables empotrados en la pared o, como en este caso, las vigas metálicas que sujetan la terraza. Que en vista de dónde estaban situadas las marcas era lo que estaba detectando la chica. A no ser, claro, que los fantasmas vivan en las vigas de hierro... Mmmh... No sé, no me convence.

En fin, que así concluyó la visita a la "Nueva Casa". Una visita francamente decepcionante, la verdad. Reconozco que no esperaba encontrar nada del otro mundo (ni siquiera nada del Otro Mundo), pero como suele ocurrir, la realidad supera todas las espectativas, y aquello era aún más bochornoso de lo que me atrevía a suponer. Patético, vaya.

Tanto, que a pesar de la insistencia de las mujeres de la casa (que, esta vez sin disimulo, repitieron su mantra habitual y nos pidieron con insistencia la famosa "voluntad"), lo cierto es que no fuimos los únicos que de repente descubrieron que de voluntad, en estos casos, andamos más bien flojillos...

 

En resumen.

A la vista de todo esto, puede parecer que la visita a Bélmez no merece la pena. Y mi opinión es justamente la contraria: merece la pena, y mucho.

Sobre todo, por supuesto, por el lugar y su entorno. No me cansaré de decir una y otra vez que tanto el pueblo como la Sierra Mágina son una preciosidad, y en especial ahora que aún resiste los intentos de comercializarla; como destino turístico de masas, para unos, y como "Sierra Mágica" y bobadas similares, para otros. Bélmez y Sierra Mágina no se merecen que los conviertan ni en emporio turístico, ni en símbolo de la superstición y la ignorancia.

Pero esto no quiere decir que no haya que visitar tampoco las "Casas de las Caras", ni mucho menos. Si pueden, acérquense y disfrútenlas. La "vieja Casa", la de toda la vida, nos hace sentirnos como viajáramos por un túnel del tiempo, hasta otra época más ingenua en la que incluso cosas tan cutres -y créanme, lo de las Caras es cutre a más no poder- llamaban la atención de la gente y en la que unos pocos pioneros nos vendían sus misterios con la misma falta de vergüenza que los "investigadores" de ahora, pero con mucha más gracia. La casa nos trae a la memoria aquellas viejas psicofonías de Germán de Argumosa, en las que se colaba ese escalofriante grito de "¡Sofía, búscame un hotel!", tan decididamente de ultratumba. En la puerta de la habitación de las Caras aún pueden verse los restos del lacre del precintado notarial, aquel que se nos presentó como el no va más de las demostraciones de la paranormalidad del fenómeno, y que en realidad sólo sirvió para demostrar que las Caras seguían apareciendo... en la parte no precintada de la casa. Las historietas que nos cuentan los ancianos sobre las investigaciones de los alemanes, los franceses y los rusos (sí, los rusos) nos evocan inmediatamente los análisis tergiversados, las verdades a medias y las mentiras enteras con las que a lo largo de los años nos han intentado hacer creer que aquello era algo paranormal. Para quien haya estudiado un poco el fenómeno, la "vieja Casa", en fin, es capaz de arrancar una sonrisita de melancolía. Y para quien no lo haya estudiado, para quien sólo haya oído los cuentecitos que nos vendían, es una buena forma de ver que, por mucho que hayan contado y hayan dicho, aquello es indudablemente más del "más acá" que del Más Allá...

Y en cuanto a la "Nueva Casa de las Caras"... Bueno, he dicho muchas veces que Pedro Amorós y sus investigaciones han hecho más por el movimiento escéptico que nadie en los últimos tiempos, y en este sentido su "Nueva Casa" es su obra maestra. Una visita a aquel montaje -porque no se puede llamar de otra forma- es una manera casi infalible de conseguir que hasta el más crédulo se vuelva no sólo escéptico, sino incluso que se convierta en un infame detractor. 

Y es triste que lo diga alguien que es socio de ARP-SAPC y miembro fundador del Círculo Escéptico. Pero así son las cosas: mucho organizarnos, mucho divulgar el escepticismo... pero si montásemos más "Nuevas Casas de las Caras" y le encomendásemos su gestión a la SEIP, seguro que adelantábamos más...

 

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XI/05