
El Estilita
La Profecía
(Publicado en el diario Información el 15-06-03)
Menuda la que se ha armado en Madrid. Cuando, tras el fragor de la lucha electoral, todo parecía más o menos tranquilo y claro, alguien va y se las apaña para volver a revolucionar el patio. Y es que, según me cuentan, desde el otro día apenas se habla de otra cosa en la capital.
Lógicamente, porque no me negarán que la noticia es fuerte. Seguro que la han oído: en el horóscopo del periódico “Madrid 20 minutos”, la predicción para los Tauro decía “todos los hijos de puta de este signo morirán acuchillados”.
No deja de ser llamativo que, a estas alturas, y con lo que sabemos de la naturaleza y el mundo que nos rodea, siga habiendo tanta gente que crea en la astrología. En principio, lo que cabría esperar es que esta superstición hubiese ido a parar al mismo baúl de los recuerdos en los que descansan otras de las muchas creencias absurdas con las que los seres humanos hemos demostrado una y otra vez hasta qué extremos de ingenuidad podemos llegar. Por supuesto, resulta muy tentador eso de poder conocer nuestro futuro, pero creer que está de alguna manera escrito en la Luna o las estrellas (y reescrito en un rinconcito del periódico) no deja de ser un sinsentido.
Sin embargo, la astrología sigue siendo muy popular, hasta el punto de que prácticamente todo el mundo sabe cuál es su signo astrológico, aunque pocas personas sepan, por ejemplo, algo tan –supuestamente- importante para su horóscopo como la constelación zodiacal en la que estaba el Sol cuando nacieron. Y el motivo de esta popularidad no es, por supuesto, lo atinado de las predicciones astrológicas, que bien analizadas no suelen dar ni una en el clavo. El motivo es más bien el contrario: que las cartas astrales, los horóscopos y demás augurios son tan vagos y tan poco concretos que no pueden fallar, sencillamente porque no significan nada.
Demos un repaso al horóscopo de cualquier día. “Cuida la piel porque en ella se refleja el estado interior de tu cuerpo y no te expongas innecesariamente a los elementos”, dice la predicción de un signo. De cualquier signo: en estos tiempos que corren, con el Sol cayendo a plomo y la capa de ozono con más agujeros que un queso Gruyere, es obvio que todos debemos cuidar la piel, no sólo la duodécima parte de la población a la que corresponde la supuesta profecía. “A partir de hoy proponte hacer todo lo que sabes es bueno para tu salud, sin llevarlo a extremos. Esos minutos de meditación de ayudarán”, dice otra predicción que, de nuevo, vale para cualquier signo, cualquier persona y cualquier horóscopo: occidental, chino, maya, azteca o beluchistaní.
Y así con todos los signos, y así todos los días, hasta que llegó “Madrid 20 minutos” y dio al traste con la práctica habitual. Su predicción para los Tauro será grosera, mal educada y bastante tétrica, sin duda, pero, por primera vez en la Historia, es una predicción concisa, concreta y verificable.
Así que, por favor, que no proteste nadie por el supuesto insulto. Al fin y al cabo, si uno no cree en la astrología, no le pasará nada. Si uno cree en la astrología pero no es Tauro, tampoco le pasará nada. Y si uno cree en la astrología y es Tauro, pero su madre es una santa, pues tampoco le pasará nada. Los únicos que tendrían algo que temer son los, con perdón, “hijos de puta de este signo”, a los que convendría mantenerse alejados de cuchillos, navajas y otros objetos punzantes, no sea que involuntariamente se vean envueltos en el primer experimento de comprobación astrológica que tiene lugar en los tres milenios que lleva con nosotros esta superstición.
Aunque, la verdad, yo de ellos estaría tranquilo. Me apuesto cualquier cosa a que termina la semana y ningún Tauro, sea cual sea la profesión de su madre, resulta acuchillado.
A no ser, claro, que el señor Tamayo y la señora Sáez, los diputados tránsfugas del PSOE en la Asamblea de Madrid, sean Tauro. Porque al paso que vamos...
II/04