El Estilita

El Estilita

 

Caribe Mix

(Publicado en el diario Información el 17-08-03)

 

Desde hace unos años, el tradicional “Santiago y Cierra España” tiene un significado totalmente literal: llega Santiago (o Sant Jaume, como ustedes prefieran) y España entera cierra por vacaciones. Gracias a lo cual la picaresca nacional ha podido inventar una novedosa figura jurídica: la “agostidad”. Prima hermana de la nocturnidad y la alevosía, la agostidad consiste en adoptar medidas impopulares, delicadas o polémicas durante el mes de agosto, con lo cual se consigue minimizar su impacto. ¿Que hay que tramitar un Plan Parcial al que se oponen los vecinos? Bueno, pues se publica a principios de agosto, y lo más probable es que no se enteren hasta que vuelvan de vacaciones, en septiembre, con el plazo de alegaciones ya finalizado. ¿Que hay que resolver un expediente delicado? Se notifica a primeros de agosto, y a ver si los afectados son capaces de encontrar a tiempo a un abogado que les prepare el recurso. Y, por supuesto, si hay que adoptar una medida fiscal no demasiado justificable, ¿qué mejor momento que cuando medio mundo se encuentra de ese humor benévolo y apacible que proporciona estar, literalmente, de campo y playa?

Algo así deben haber pensado los responsables de la idea de gravar con un canon los CD y DVD vírgenes, una píldora que los consumidores solo pueden digerir en esta época de alto consumo de sangría. O de algún brebaje aún más fuerte, como el que han tenido que beber quienes han pretendido justificar la medida como una forma de salvaguardar los derechos de autor.

Resulta que nuestra legislación permite que, cuando nos compramos un disco de música, un vídeo o un programa de ordenador, nos hagamos una copia para uso privado, generalmente como copia de seguridad por si el original se estropea (o para utilizar la copia y evitar que el original se estropee). Parece algo bastante lógico y, desde luego, absolutamente irreprochable: al fin y al cabo, ya pagamos los derechos de autor al adquirir el original.

Y ese es precisamente el punto flaco de la “justificación” del canon: si no estamos infringiendo ninguna ley (puesto que la copia es legal), ni defraudando de modo alguno los derechos de autor (que ya pagamos en su día), ¿por qué tenemos que pagar un sobreprecio en el soporte con la excusa, precisamente, de evitar que se defrauden esos derechos de autor?

Las asociaciones de consumidores también han señalado otro fallo en el argumento: si la copia privada no solo es perfectamente legal, sino que además va a servir para sacarnos algo más de dinerillo, ¿a qué esperan las autoridades para prohibir los sistemas anticopia? Hombre, tampoco es que sirvan de mucho: aún se recuerdan (con cierta rechifla) los millones que se gastó la casa Sony en hacer sus CD imposibles de copiar, desarrollando un sistema que se anula con un simple rotulador. Pero de todos modos, si vamos a pagar por la copia, al menos que nos faciliten hacerla. O incluso que nos den original y copia, y eso que nos ahorramos.

Porque, además, tampoco todos los CD grabables (y desde ahora, también “gravados”) se utilizan para copiar discos musicales, programas de ordenador y demás: muchos se emplean para guardar copia de documentos propios, fotografías digitales hechas por uno mismo, diseños y grabaciones originales... Y también tendrán que pagar su canon. Y, la verdad, eso de que uno escriba un artículo y para guardarlo en un CD tenga que pagar un canon con la excusa de que así se protegen sus derechos de autor tiene bemoles, ¿no?

En fin, que la medida no se tiene en pie salvo por un detalle: aunque las discográficas se han apresurado a negar que esto tenga nada que ver con la piratería, también se han despachado largo y tendido con sus habituales lamentos sobre las pérdidas (que no son tales: no pierden dinero, simplemente ganan menos del que podrían ganar) que les ocasiona el “top manta”. Lo cual, debidamente traducido, quiere decir que en realidad nos cobran el canon porque consideran que vamos a utilizar los discos para hacer copias ilegales. Que somos todos unos piratas, vaya.

Con lo que la medida se convierte no solo en abusiva, sino en absurda. Porque, digo yo, ¿no habrá mucha gente que piense que, puesto que ya ha pagado por ellas, puede hacer copias ilegales? No es que luchen contra el “top manta”, no, es que van a conseguir que haya tantos piratas que esto va a parecer el Caribe. Caribe Mix, claro.

(Nota: Por si esto fuese poco, el Gobierno tiene previsto implantar un nuevo canon que gravará el préstamo de libros en las bibliotecas, a favor, dicen, de los autores. Ante semejante tropelía se ha redactado un manifiesto de protesta al que, naturalmente, invito a todo el mundo a adherirse).

 

Artículo publicado en

 

Volver al menú principal

 

II/04