El Estilita

El Estilita

 

La tortilla

(Publicado en el diario Información el 08-02-04)

 

Durante 2003 los huevos y las patatas han subido un 20 %, así que la popularísima tortilla de patatas ha subido un 40 %. Con esta noticia, el informativo de una cadena de televisión nos ilustró el otro día sobre lo mucho que ha subido el costo de la vida y, obviamente, sobre lo poco que saben sus redactores de matemáticas.

Hay que reconocer que casi todos nos hacemos un lío con las operaciones matemáticas. En las sumas y las restas nos vamos defendiendo, y para la multiplicación y la división hemos adquirido algo de práctica con esta manía, que aún no se nos va, de traducir los precios de euros a pesetas y viceversa, pero casi nadie pasa de ahí, y operaciones como el cálculo de un porcentaje o la extracción de una raíz cuadrada sólo están al alcance de unos pocos superdotados que, probablemente, los saquen echando mano de la calculadora cuando nadie está mirando. Pero, en fin, se supone que un informativo debe hacer eso, informar, y meteduras de pata de ese calibre no son de recibo. Aunque, lamentablemente, son muy habituales.

Ahí tenemos, por ejemplo, el lío de los billones. Se supone que un billón es un millón de millones, pero los anglosajones, que ya se sabe que en estas cosas suelen estar a la contra del resto del mundo, utilizan el término para referirse a una cantidad bastante menos astronómica: mil millonecetes de nada. Y parece que muchos traductores ignoran esta diferencia, de modo que es cada vez más habitual encontrarnos con noticias en las que el despiste o la ignorancia añaden nada menos que tres ceros. En principio, la cosa no parece muy grave: que un locutor diga, por ejemplo, que el Sistema Solar tiene una edad de cuatro billones y medio de años no nos hace mil veces más viejos ni supone más que un pequeño sobresalto para quien conozca el dato verdadero. Pero el problema es que el error se extiende: según una reciente encuesta, la mayoría de los parlamentarios alemanes reconocen que no saben con seguridad cuánto es un billón, y teniendo en cuenta que son los mismos señores que votan los presupuestos de uno de los Estados más importantes de Europa, la cosa no es como para tomárselo a risa.

Algunos errores son probablemente de comprensión de conceptos. Un famoso “investigador” de lo paranormal narraba una vez en un artículo un asombroso hallazgo: si trazamos una circunferencia que toque los vértices de la base de la pirámide de Keops y dividimos la longitud de esa circunferencia por la diagonal de la base de la pirámide, el resultado es el número Pi. Para el autor del artículo, este descubrimiento demostraba dos cosas: que las pirámides evidencian unos conocimientos matemáticos asombrosos, y que por tanto no las podían haber hecho los egipcios. Aunque, en realidad, lo que venía a demostrar eran dos cosas muy distintas: que el “investigador” no tenía ni idea de geometría elemental, y que en Egipto los círculos también son tan redondos como en cualquier otro lugar del mundo. Incluyendo el Estado norteamericano de Indiana: aunque hace poco más de un siglo el Congreso del Estado aprobó una moción según la cual el número Pi debía ser igual a tres, el Senado estatal tuvo la sensatez de rechazarla.

Otras veces lo que falla es que hay quien no se apaña ni siquiera con los dedos, y a la hora de contar sólo le sale algo así como “uno, dos, tres y muchos”, de modo que se arma un lío con los números grandes: hace unos meses, los tres noticiarios de una cadena de televisión informaron, uno tras otro, de los resultados de una encuesta según la cual el 84 % de los españoles estaban en contra de la invasión de Iraq, el 6 % se mostraba a favor, y el 20 % no opinaba. Lo cual nos daba la bonita cifra de 110 %, pero parece que ninguno de los tres locutores que leyeron la noticia tuvo la pericia de sumar los números o, al menos, el sentido común de darse cuenta de que algo fallaba.

Y esa es, probablemente, la principal causa del problema: la falta de sentido común. Porque no hace falta ser astrofísico para darse cuenta de que la Luna no puede estar, como contaba un locutor durante un eclipse, a trescientos sesenta kilómetros de la Tierra. O que en nuestro planeta, como contaba otro, haya ya más de seis billones y medio de personas. O lo de la subida de los huevos y las patatas. Que, más que de tortilla, era de empanada. Mental, claro.

 

Artículo publicado en

 

Volver al menú principal

 

II/04