El Estilita

El Estilita

 

Los caras de Bélmez

(Publicado en el diario Información el 22-02-04)

 

(Nota previa: sobre el mismo tema y bajo el mismo título escribí un artículo más extenso, que fue publicado en El Escéptico Digital y figura también en la página web de ARP-SAPC)

Probablemente fueran muy pocos quienes hubiesen siquiera oído hablar de Bélmez de la Moraleda antes del 23 de agosto de 1971. Situado en un rincón de la Sierra Mágina, en la provincia de Jaén, pocos atractivos podía ofrecer el pueblecito, en una época en la que la emigración despoblaba el campo y el turismo rural aún no había aparecido.

Pero aquel día todo cambió, y los medios de comunicación de toda España, e incluso del mundo, se poblaron de titulares en los que se hacía mención a aquel pueblo de Jaén. O, para ser exactos, a un fenómeno que se produjo en la casa de María Gómez: la aparición de la primera de las “Caras de Bélmez”.

Como nos han recordado todos los medios al hilo de la muerte de María Gómez, las “Caras de Bélmez” consistían en unos pavorosos rostros que, como por arte de magia, aparecían en la cocina de la casa de aquella mujer. Unos rostros expresivos, bien modelados, que parecían brotar en el cemento sin que ninguna mano humana los trazase. Un extraño fenómeno que pronto fue bautizado con el sobrenombre de “el mayor misterio paranormal de todos los tiempos”.

Un nombre no demasiado exacto, la verdad, porque el misterio duró bien poco: en febrero de 1972 el diario “Pueblo” echaba todo por tierra gracias a un análisis químico que demostraba que las Caras estaban pintadas con nitrato y cloruro de plata, una solución habitualmente empleada en fotografía y que tiene la peculiaridad de reaccionar con la exposición a la luz. De este modo se podía pintar una cara y que ésta se fuera haciendo visible poco a poco algún tiempo después, creando la ilusión de un fenómeno inexplicable de origen paranormal.

Como es natural, esta explicación fue rechazada de plano por los “investigadores de lo paranormal”. Al fin y al cabo, un misterio resuelto deja de serlo, y aquello les chafaba el negocio. Y no solo a ellos: centenares de curiosos visitaban el pueblo cada día, miles los fines de semana, y pocos de ellos dejaban de comprar alguna foto de las “caras” o daban algún dinerillo a los dueños de la casa, que no cobraban entrada por dejar pasar a los turistas, pero tampoco tenían inconveniente en que les dieran “la voluntad”. Aquello era una especie de maná caído del cielo, y no iban a dejar que unos aguafiestas acabaran con él. De modo que siguieron las “investigaciones” y las teorías esotéricas a cuál más disparatada, y las Caras de Bélmez continuaron generando turismo para el pueblo, ingresos para la familia de María Gómez y para el fotógrafo del lugar, y lucrativas publicaciones para los “misteriólogos” de todo pelaje.

Pero fue pasando el tiempo, y el atractivo de las Caras se fue apagando. Y no sólo porque pasara el efecto de la novedad, sino también en un sentido puramente estético: coincidiendo con la muerte del fotógrafo del pueblo, la gran expresividad y la calidad artística de aquellos primeros dibujos desapareció, y los nuevos rostros mostraban un estilo mucho más pobre, más infantil. Así que el fenómeno fue languideciendo, y aunque de vez en cuando surgieran noticias como la de la aparición del rostro de Franco, en los años ochenta, o el de Isabel Preysler, una década después, lo cierto es que últimamente pocos recordaban las Caras de Bélmez como algo más que una curiosidad folklórica.

El 3 de febrero, María Gómez falleció en un hospital de Jaén. Bélmez, justamente agradecido, la ha nombrado Hija Predilecta del pueblo. Y los divulgadores de lo paranormal, por supuesto, no han perdido ocasión de desempolvar sus viejas psicofonías, sus historias de precintos notariales y de análisis químicos de pacotilla, y sus teorías sobre el origen esotérico de las Caras. Y siguen hablando de “el mayor misterio paranormal de todos los tiempos”, de los mensajes de ultratumba que nos transmiten esos rostros, o de si la muerte de María Gómez, como “médium” a través de la cual se manifestaban las Caras, supondrá su desaparición.

Que es lo más probable. Pero, con la cantidad de programas especiales, reportajes y libros con los que nos amenazan estos intrépidos vendedores de misterios, de lo que sí podemos estar seguros es de una cosa: los Caras de Bélmez no desaparecerán. Fijo.

 

Artículo publicado en

 

Volver al menú principal

 

II/04