Fenómenos Para Anormales

 

Hace unos años, Luis Alfonso Gámez publicaba en "La Alternativa Racional" una sección cuyo título levantaba ampollas en el maguferío nacional. "Fenómenos Para Anormales", se llamaba, con evidente disgusto de quienes pensaban que en el Circo de lo Paranormal hay más que eso, fenómenos para anormales.

Y hay más, claro: el espejismo de lo paranormal es capaz de engañar incluso a personas inteligentes, cultas y preparadas. Pero los Fenómenos Para Anormales son mucho más abundantes de lo que todos quisiéramos. Y un buen ejemplo de ello -mejor dicho, un buen chorro de ejemplos- lo tuvimos en el contenido de "Investigació TV", programa producido por "El Mundo TV" y emitido por “Canal Nou-Televisión Valenciana”, y que el pasado día 3 de mayo de 2002 trató el tema del "Más Allá".

"Investigació TV", programa emitido hasta hace unos meses por Canal 9 - Radio Televisió Valenciana

"¿Existe el Más Allá?", se planteaba la presentadora al empezar el espacio. Que exista el “Más Allá", a secas, no quedó ni mucho menos claro. Pero sí resultó incontestable que existe, y mucho, el "Más Allá... de la cordura".

El programa consiste básicamente en una sucesión de vídeos rodados con cámara oculta, y que son comentados por cuatro invitados. Generalmente se distribuyen dos a dos, y eso parecía que iba a ocurrir también ese día: dos defensores de la racionalidad (Gustavo Bueno, filósofo y socio de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, y Fernando Quintela, director de "El Mundo Televisión") y dos creyentes en lo esotérico y paranormal (Francisco Máñez, Presidente de la Asociación Valenciana de Investigaciones Parapsicológicas y Ovnilógicas, y el "profesor Isaí", profundo conocedor y aplicadísimo Iniciado en casi todas las religiones imaginables). Sin embargo, el contenido del programa fue esta vez de tal calibre, que hasta los dos representantes del bando crédulo tuvieron serias dificultades para resistir las carcajadas.

Los invitados al programa. De izquierda a derecha, el "profesor Isaí", Francisco Máñez, la presentadora Manu Ríos, Fernando Quintela y Gustavo Bueno.

Y si eso ocurría en la mesa, imagínense entre el público, donde este servidor de ustedes se sentaba rodeado por todas las partes (y en todos los planos astrales, sin duda) de videntes, contactados, brujas, médiums y demás fauna al uso, todos absolutamente convencidos de la veracidad de aquello que estábamos viendo en los vídeos. Y todos, todos, defendiendo que aunque hubiesen pillado a otro haciendo barbaridades, sus propios poderes sí que eran genuinos.

Pero vayamos por partes. En los vídeos que ofreció el programa, una intrépida reportera recurría a los más variados servicios de lo paranormal: desde un espiritista que, tras el oportuno paso por taquilla, le puso en contacto con el espíritu de un ficticio hermano fallecido, hasta una bruja que le practicó un exorcismo caro pero eficaz: la propia periodista pudo comprobar que el aparato detector de demonios que antes del ritual marcaba el máximo, mantenía luego su aguja indicadora en un tranquilizador cero patatero.

Una revelación estremecedora: según el medidor de presencias maléficas de la bruja, el demonio que poseía a la reportera alcanzaba el máximo, fuerza cinco. Marejada en el Cantábrico, vamos.

Practicando el exorcismo.

¿Cómo? ¿Que no sabían ustedes que hay un "demoniómetro"? Por supuesto que sí: por el módico precio de unas quince mil pesetas, la reportera se hizo luego con uno de esos chismes, a pesar de la encarnizada resistencia del vendedor, que prefería colocarle más bien una cámara Kirlian, un medidor de energía biológica o algún otro cachivache más aparatoso y más caro. Aunque es de suponer que con el mismo margen de beneficio: tras la oportuna inspección técnica, el medidor de presencias maléficas resultó ser una simple radio de fabricación casera, bastante mal hecha, y cuyo precio de costo era de unas trescientas pesetillas.

El funcionamiento de "Biomasas", el carísimo detector de presencias fantasmales, explicado por su inventor.

La última tecnología, al mejor precio. Este era el de un cachivache para medir la "bioenergía", o algo así.

Seguramente costaría incluso menos otro artefacto cuyos efectos, sin embargo, eran mucho más inquietantes: se trataba nada menos que de un muñeco vudú. Tras un oportuno bautizo potenciado por unas cuantas misas negras, y por un precio que, tras diversas vacilaciones con esto del euro, el vendedor fijó en unas anticuadas pero considerables quinientas mil pesetas, lo que parecía un muñeco de arcilla bastante mal confeccionado (el de cera costaba el doble) se convertiría en la terrible arma de venganza de una joven despechada. Joven que, todo hay que decirlo, pudo elegir a placer entre un completo surtido de muñequitos, rituales y, sobre todo, un interesante elenco de demonios a cual más malvado. Y a cual más caro, puesto que, según la tarifa que leía el vendedor, cada uno de ellos cobraba unos honorarios profesionales acordes con su categoría y con la gravedad de las diabluras que cometía.

La venganza vudú, al alcance de su bolsillo.

Eligiendo al demonio...

...y protegiéndose de sus efectos. Además del coste del monigote, las misas negras y demás parafernalia, la chica necesitaba protegerse comprando un "pentáculo".

A la vista de unos montajes tan burdos, unos timos que añaden al daño económico un auténtico insulto a la inteligencia de las víctimas, uno podría preguntarse cómo se las han arreglado los investigadores de "El Mundo TV" para dar con semejante tropa de sinvergüenzas. Pues no tuvieron muchas dificultades: según me contaba el guionista del programa, no tuvieron que ir peregrinando de médium en médium, de vidente en vidente, hasta encontrar estos casos tan esperpénticos. Por lo visto, acertaron siempre a la primera. Como diría cierto "investigador", "¿casualidad o causalidad?"

El programa nos proporcionó datos escalofriantes.

Claro que no sé si fiarme de lo que me dijo el guionista, porque, verán ustedes, resulta que en realidad es un fantasma. Concretamente un espíritu burlón. O al menos así lo identificó un especialista en "limpieza de casas", cuando la reportera le enseñó una foto de una fiesta en la que, entre un grupo de amigas, aparecía la imagen borrosa de este hombre. Naturalmente, la periodista fingía estar atribuladísima por aquella aparición ectoplásmica, que amenazaba con perturbar la tranquilidad del hogar.

Afortunadamente contaba con los servicios de este "limpiador", cuya profesionalidad sólo vaciló levemente cuando comentó lo guapas que eran las chicas y preguntó si todas salían con alguien. Pero fue una vacilación momentánea; ante la sonrisa de cachondeo que se le escapó a la reportera, el hombre se hizo cargo de la situación y, previo cobro de una cantidad simbólica (que, ¡ay con el euro!, acabó fijando en 50.000 pesetas), accedió a ahuyentar al espíritu en cuestión.

La foto del "fantasma", y el fantasmón (sin comillas) analizándola. El "diablillo" era el mismísmimo guionista del programa..

Espíritu que resultó ser bastante resistente, porque, a pesar de que el fulano recorrió varias veces la casa echando azufre a diestro y siniestro y gritando a voz en cuello "¡Ilúmbrame, Señor!" (sic), no acababa de irse. O eso aseguraba el "limpiador", mientras miraba a una silla vacía y comentaba que, ante la terquedad del fantasma, no le quedaba más remedio que elevar sus honorarios. Y es que debía andar mal de dinero el hombre, porque, tras la última sesión, y mientras sus clientes lo llevaban de regreso a casa, comentó con ellos la posibilidad de conseguir una exclusiva para la tele y repartirse lo que obtuvieran.

"Limpiando" la casa y, sobre todo, a la dueña de la casa. Ante la terquedad del fantasma, el "experto" no tuvo más remedio que aumentar sus honorarios, hasta alcanzar un total de 140.000 pts.

No mencionó la posibilidad de darle una comisioncilla al fantasma. Una vergüenza.

Como pueden imaginarse, ante lo visto el debate no pudo brillar a gran altura. Ni siquiera cuando el último vídeo nos transportó nada menos que al "Planeta Sirio", el lugar al que un tipo aseguraba ir fin de semana sí, fin de semana no. Sus viajes le habían servido, aseguraba, para adquirir notables poderes curativos, que se veían reforzados con constantes consultas a sus colegas sirianos vía teléfono móvil. Lamento decir que no pude averiguar quién pagaba la factura de las llamadas.

El contactado, explicando dónde adquirió sus poderes curativos...

...y poniéndolos en práctica, siempre según las instrucciones "on line" de los marcianos...

...recibidas mediante los más avanzados medios de comunicación intergaláctica.

Explicando los últimos avances de la medicina alenígena.

De los invitados al debate, tan sólo el "profesor Isaí" mantuvo a ratos la compostura, explicando con erudición cuáles de las mamarrachadas que veíamos eran mamarrachadas legítimas según tal o cual religión animista, y cuáles eran tan sólo mamarrachadas sin denominación de origen calificada. Mientras, Fernando Quintela y Gustavo Bueno hacían visibles esfuerzos para contener la risa. Y en cuanto al bueno de Paco Máñez, no sabía si reír o llorar.

Fernando Quintela y Gustavo Bueno, visiblemente aterrorizados al enterarse, gracias a uno de los invitados al programa, de que justo detrás de ellos se encontraba el espíritu de un difunto.

Porque los invitados del público tampoco contribuían demasiado a la seriedad de la discusión. Un señor aseguraba constantemente que veía muertos, y no tuvo reparo en intentar dar lecciones de filosofía a Gustavo Bueno, que reaccionó como se pueden suponer: partiéndose de risa. A su lado, otro tipo explicaba que sus exorcismos y sus limpiezas de casas encantadas sí que eran serias, no como las que habíamos visto en el vídeo. Lo malo es que justo en ese momento llamó una espectadora para contar cómo había sido la "limpieza" (en un amplio sentido de la palabra) que el tipo aquel había hecho en la tienda en la que trabajaba, y los detalles que contó en antena y, sobre todo, los que contó fuera de antena, bastaron para que el hombre cerrara la boca durante el resto de la emisión.

Gustavo Bueno, pasando dificultades ante los agudos comentarios filosóficos del invitado Juan Giner.

El antes y el después. A la izquierda, José Antonio Rosalem explicando que sus "limpiezas" de casas sí que son legítimos trabajos parapsicológicos. A la derecha, escuchando el testimonio telefónico de una de sus víctimas.

Con lo cual el peso de los testimonios pasó al señor que se sentaba a mi lado, y que contó con todo lujo de detalles, a cuál más disparatado, sus muchas experiencias con los ovnis. En un momento dado, incluso, explicó que los marcianos se le aparecían periódicamente a la puerta de su casa para invitarle a dar un paseo en platillo. Naturalmente yo, que como buen escéptico me pirro por ver un ovni de verdad, me ofrecí amablemente para ocupar su plaza, pero por desgracia declinó mi ofrecimiento. ¡Otra oportunidad perdida de ir a Ganímedes!

En cambio, tuve más éxito con la señora que nos relató sus contactos con extraterrestres de Alpha Centauri y de la Galaxia de Andrómeda, facilitándonos incluso el interesantísimo dato astronómico de que nuestra Galaxia vecina tiene la atmósfera de color verde. Y digo que tuve más éxito porque, a pesar de mis preguntas y mis no siempre exitosos intentos de aguantarme la risa, la pobre mujer se me acercó después del programa para ofrecerme sus servicios de gemoterapia, reiki e industrias afines. Infalibles para el dolor de espalda, aseguró.

La "contactada" Margarita del Vando explicando sus experiencias, y un servidor escuchándola con toda la seriedad de que fue capaz. Que no fue mucha.

En definitiva, fue un programa con poco espacio para el debate (para el debate serio, ninguno) y mucho, quizá demasiado, para la exposición de lo sinvergüenzas que pueden llegar a ser algunos y, ¡ay!, lo tontos que llegan a ser otros: evidentemente, ninguno de estos negocios disparatados existiría si no hubiese tanta gente dispuesta a creerse esos disparates.

Y ese es precisamente el problema: que no todo son Fenómenos Para Anormales. Que junto a los patéticos payasos que desfilaron en los vídeos hay otros muchos que mantienen una apariencia seria. Y que junto a los simplones que pican en unos montajes tan burdos, hay mucha, mucha gente que cree que "algo hay", y que no vacilará en seguir acudiendo a videntes, brujos, sanadores, espiritistas y demás fauna del "Más Allá".

A los primeros, me temo que el programa no les hará "mucho daño", como lamentaba el "profesor Isaí". La experiencia nos muestra que algo así sólo sirve para quitarles de enmedio algo de competencia. Y no siempre.

Y en cuanto a sus clientes, un programa como el del otro día sólo servirá para hacerles reír un poco: difícilmente habrán adquirido algo de la información o el sentido crítico necesarios para distinguir la paja del grano y para darse cuenta de que, en lo paranormal, no van a encontrar nada de grano, y, en cambio, mucha paja.

Mucha paja. Y, la venda un fantoche con túnica, un consultor bursátil astrológico, un parapsicólogo diplomado o un "misteriólogo", muy cara.

 

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