Los Incunables

 

eguro que muchos lo recuerdan. Hace ya... ¡uf! Hace mucho tiempo, el "investigador" Iker Jiménez participaba habitualmente en la lista de correo electrónico "escépticos". La verdad, aún no sé si lo hacía por masoquismo, por ganas de demostrarse a sí mismo que era capaz de combatir contra los malvados arpíos, o porque de verdad pensaba convencer a alguien de la calidad de sus investigaciones.

Si era esto último, su éxito fue redondo (sí, redondo; ¿es que el número cero no es redondo?). El paso de estos reportajes por el tamiz de la "corrala escéptica" dejaba bien claro que no resistían ni siquiera el más somero análisis por parte de personas acostumbradas a ejercitar un poco el sentido crítico. Y, lo que resulta aún más indignante para esos "investigadores" que presumen de haber hecho tropecientos mil kilómetros tras los ovnis: sin que los escépticos tengamos siquiera que levantarnos del sillón.

Y como para muestra vale un botón, aquí tienen ustedes "El extraño caso del hombre-pez y el intrépido pescador", que muestra cómo Iker Jiménez fue a por peces, y resultó pescado.

Nota: como puede observarse, he añadido algunas imágenes y mejorado las restantes. También he incorporado enlaces a versiones en mayor tamaño de las Actas y mi propia transcripción de las mismas, para facilitar la comprobación de nuestras afirmaciones. O de las de Iker, claro ;-) 

 

El extraño caso del hombre-pez y el intrépido investigador

O de cómo unos escépticos desmontan un reportaje sensacionalista sin tener que levantarse del sillón.

 

 

Revista Enigmas del Hombre y el Universo. Año III, n.º 5. En la portada un titular reza más o menos así:

En el interior, el periodista D. Iker Jiménez Elizari firma un interesante artículo en el que narra sus aventuras para demostrar la existencia del hombre-pez.

El hombre-pez de Liérganes (y aquí sigo al propio Iker Jiménez) es una leyenda del Siglo XVII. En la localidad cántabra de Liérganes habría vivido Francisco de la Vega Casar, un extraordinario personaje que se convirtió en una especie de híbrido entre hombre y pez. La "veracidad" del fenómeno vendría avalada incluso por la firma del padre Feijoo, incansable racionalista que, en su Teatro crítico universal, desmontó numerosas leyendas y supercherías aún vigentes en su época (primera mitad del Siglo XVIII), pero admitió la existencia del hombre-pez.

Partiendo de esa premisa, Iker Jiménez nos cuenta sus peripecias hasta lograr un preciado objetivo: encontrar las actas que demostrasen la existencia del hombre-pez. El periodista explica cómo, tras un casual encuento con el párroco de Liérganes, éste le indica que tales actas sólo pueden encontrarse 

"entre las húmedas paredes de un lugar poco apropiado para las indiscretas búsquedas de un reportero: las celdas de un monasterio de clausura." (sic.) 

Así que nuestro intrépido reportero se lanza a la carretera, logra convencer a sor Emilia Sierra y consigue entrar en el convento de clausura de las Clarisas en Santillana del Mar.

Removiendo legajos y más legajos, interrumpiendo incluso la reunión que unos misioneros "mantenían en una estancia contigua" (más que un convento de clausura, aquello parecía el camarote de los Hemanos Marx), al final se obró el milagro: el tembloroso dedo de sor Emilia señaló "la partida de bautismo de Francisco de la Vega Casar, el Hombre Pez" (sic.) A esta partida de bautismo se une la de defunción, de manera que Iker Jiménez nos puede decir que

"Los datos irrefutables estaban en mis temblorosas manos; nadie ya los podía negar. (...) El Hombre Pez vivió en aquellas remotas tierras y nosotros lo habíamos demostrado." (sic.) 

Iker Jiménez no aclara si las actas, a imitación de las momias egipcias, poseen una maldición que provoca en sus poseedores súbitos ataques de Parkinson (como diría un periodista de investigación, la coincidencia entre los temblores que aquejan a sor Emilia Sierra al encontrar las actas, y los que sacuden las manos de Iker Jiménez al poseer en sus manos tan irrefutables documentos, es muy significativa). Pero sí que deja claro que habían demostrado la existencia del hombre-pez (bueno, él lo dice con más mayúsculas, pero se me entiende, ¿no?

Aunque, bien mirado... ¿lo habían demostrado? El propio Iker Jiménez expuso su investigación y sus conclusiones en un foro público (la lista de correo escéptica). Dos ilustres miembros de la lista, D. Xoan M. Carreira y D. José M. Bello Diéguez dedicaron especial atención al reportaje, y a ellos se deben, fundamentalmente, los resultados que expongo a continuación. 

 

El acta de bautismo... de Juan. 

La "prueba de cargo" que demostraba, según el reportaje, la existencia del hombre-pez, estaba constituida por las actas de bautismo y declaración de fallecimiento presunto que el intrépido periodista había rescatado del convento de clausura. Y, en efecto, el reportaje mostraba una diminuta reproducción de ambas actas, acompañadas de sus supuestas transcripciones.

La primera de las actas (la de bautismo) era transcrita así: 

"Digo yo el B r Pº; de heras que oy a 22 de Otubre de 1658 anos Bautice a Franco. de la Vega hijo de Frco. de la Vega y de mª de Cassar su mujer fue su P.º el tal Frco. de heras y testigos el SR Reñada y el Sr. Pasqual de Macas y por ser así lo firmo Hurs ffr Pº de heras miera.

(Pulse sobre la imagen para verla a mayor tamaño)

El escrutinio al que José María Bello y Xoan M. Carreira sometieron este documento demuestra varias cosas. Sobre todo, que gozan de una excelente vista ;-) Y también que Dios no ha llamado a Iker Jiménez al difícil arte de la paleografía. En resumidas cuentas, un atento examen del acta permite comprobar que el bautizando (que Iker Jiménez dice ser Francisco de la Vega) no es sino Juan de la Vega. En efecto; este es el nombre del bautizado:

Nombre que se repite en la anotación marginal, con otra letra pero grafía similar:

Compárese esta abreviatura (que Iker Jiménez traduce como "Franco."; aunque creo que sin intencionalidad política alguna), con las dos veces que se menciona al padre y padrino de bautismo (abreviado como "Frco."):

Puede observarse como la "F" de "Frco." tiene poco parecido con la supuesta "F" que Iker Jiménez cree ver en el nombre del bautizado. Realmente, parece más bien una "J". Igualita que la otra "J" que aparece en el documento, en la palabra "hijo": 

La conclusión parece evidente: el acta de bautismo es de alguien cuyo nombre se abrevia "Jnº". La misma abreviatura que puede contemplarse en algunas fachadas renacentistas (y aprovecho para recomendar la visita a la del ayuntamiento de *Úbeda, en Jaén) y que corresponde al nombre de Juan. El acta de bautismo no es de Francisco de la Vega, sino de Juan de la Vega. 

Esta es por tanto nuestra transcripción del Acta:

"Digo yo el I Pº de Heras que oy a 22 de otubre de 1658 [sobreescrito con otra letra: "año"] bautice a Jnº de la Vega hijo de de Frco de la Vega y de Mª de Casar su muger fue su pº el sr Frco de Heras y testigos el sr Peñada y el sr Pascual de Macas y por ser asi lo firmo ?? sr Pº de Heras Miera."

Apostillado al margen y con distinta letra dice "1658 Jnº de la Vega", seguido de dos o tres palabras tachadas.

¿Que nuestra hipótesis es discutible? Bueno, pero es que hay más datos. Sigamos, sigamos. 

 

El acta de defunción... que alguien retocó 

El otro documento que nos muestra Iker Jiménez es aún más significativo, puesto que el propio cuerpo del artículo dice que se trata de "las notificaciones oficiales del fallecimiento de Francisco de la Vega, el denominado 'Hombre Pez' por el propio párroco" (el subrayado es mío).

(Pulse sobre la imagen para verla a mayor tamaño)

Así que se nos vuelve a presentar otra pequeña reproducción de un acta, en este caso la declaración de muerte presunta de "Franco. y Joseph" de la Vega, en 1755. El acta la firma Fernando Antonio del Haro (no del Hoyo, como transcribe erróneamente Iker) Venero, párroco de Liérganes... quien no denomina "hombre pez" a nadie. Esta denominación aparece en una nota manuscrita al margen del acta, y escrita con una letra distinta de la del acta. Nuevamente tiramos de scanner y vemos cómo escribía el párroco...

Y cómo escribía quien apostilló el acta:

Puede observarse que la grafía es claramente diferente (salta a la vista sobre todo en las mayúsculas). Con algunos conocimientos de paleografía, puede determinarse también que, si la escritura del acta corresponde a la época en que está fechada (mediados del Siglo XVIII), la de la apostilla parece deberse más bien a principios del Siglo XIX... cuando ya había escrito su famoso tratado el Padre Feijoo. Así que ya tenemos la segunda conclusión: La apostilla que dice que el acta corresponde a "Francisco de la Vega, llamado el hombre pez" fue escrita cuando la leyenda del hombre pez ya era ampliamente conocida, y en todo caso mucho después de que se elaborara el acta de defunción. Lamentándolo mucho, el segundo documento de Iker Jiménez tampoco demuestra nada en cuanto al hombre-pez (en cuanto a ciertos métodos de "investigación periodística" sí que demuestra mucho, pero esa es otra cuestión). 

Esta es por tanto nuestra transcripción de la segunda Acta:

"En el lugar de Lierganes a primero de diciembre de mil setecientos cincuenta y cinco; habiendo pasado de los cien años, que el derecho supone haver fallecido por lo regular cualquiera racional ausente; yo Dn Ferndo Antº del Haro Venero cura beneficiado de dicho lugar, cumpliendo con la obligacion de cura; hice que los parientes de Franco y Joseph de la [sobreescrito con la misma letra: "Vega"] ausentes hiciesen una memoria por sus almas, como lo egecutaron en dicho dia referido y para que conste lo firmo en dicho lugr dia y año ut supra. Corrdo Franco y Jph int renglon Vega. Valga. M. Ferndo Antº del Haro Venero"

Apostillado al margen y con distinta letra dice "Franco de la Vega llamado el hombre pez y Joseph su hermano".

 

Sostenella y no enmendalla. 

Y, a todo esto, ¿qué opina el autor del reportaje? En varios mensajes a la lista Iker Jiménez se muestra convencido de la autenticidad de las actas, asegurando que sabe que el acta de bautismo es de Francisco de la Vega, como si conociera tal dato por revelación divina. Aunque luego aclara que la revelación es solo monjil (de sor Emilia Sierra). Pero es que llega incluso al extremo de apoyar su postura en algunos datos que no figuran en el reportaje, lo cual es una lástima porque también resultan muy esclarecedores. Así, en una respuesta a uno de los colisteros Iker Jiménez afirma: 

"Ya te he aclarado que se perseguían las actas, de las que se sabían hasta los borrones de tinta tapando la palabra hombre pez, y la posición exacta de los dos borrones. Ya te dije que esta labor la realizó el párroco lierganense y así lo dejó escrito; fuente de la que posteriormente bebió Herrau Valdivieso. Ya te he dejado claro, en definitiva, que todos perseguían un acta conocida y documentada y que sólo yo la he logrado publicar." (Mensaje de Iker Jiménez a la lista escépticos, 3 de mayo de 1997; si en el resto de mensajes he respetado totalmente el original, en este he preferido pasar el texto a minúsculas y repasar un poco la puntuación). 

Es decir, que las misteriosas actas no eran tan misteriosas. ¿O será que, después de todo tendremos que contemplar la posibilidad de una revelación divina?

Por cierto que conviene aclarar lo de los "borrones de tinta tapando la palabra hombre pez". Iker Jiménez se refiere en concreto al acta de bautismo, y los esgrime como argumento de autenticidad. Lamentablemente para él, lo más probable es que sea todo lo contrario. Evidentemente, el mismo investigador que escribió lo del "hombre pez" en la declaración de fallecimiento cometió el mismo error que Iker Jiménez, y escribió al margen del acta de bautismo la identificación incorrecta. Sin embargo, el anónimo apostillante se dió cuenta de su error y tachó lo de "hombre pez" al darse cuenta de que el acta no era la del tal Francisco de la Vega.

Error que, por lo menos, nos permite desechar nuevamente la hipótesis de la revelación mística. Una lástima, ¿no?

Tenemos, pues, nuevas conclusiones: Que las misteriosas actas que "descubre" Iker Jiménez no eran misteriosas; habían sido descubiertas con anterioridad y descritas con todo detalle. Que quien descubrió las actas anotó al margen de las mismas que eran del "hombre pez", pero luego se dió cuenta de que el acta de bautismo no era de Francisco de la Vega, sino de Juan, y tachó la expresión "hombre pez". Y que Iker Jiménez no se dió cuenta de ese detalle, afirmando que está convencido -perdón, que "sabe"- que el acta de bautismo es de Francisco de la Vega.

 

Indiana Jiménez en busca del acta perdida. 

Otro de los puntos que llaman la atención al leer el reportaje de Iker Jiménez es los caracteres casi épicos con los que narra su persecución de las esquivas actas. Es muy emocionante. Sin embargo, había un detallito que no cuadraba demasiado: su acceso a un convento de clausura. En efecto, el Código de Derecho Canónico (latino), en su canon 667, establece un régimen particularmente estricto para los conventos de monjas de clausura, hasta el punto de reservar al Obispo diocesano la facultad de permitir el acceso a tales conventos, y sólo "con causa grave y consentimiento de la Abadesa". ¿Obtuvo Iker Jiménez tal permiso? ¿Conculcó la afable sor Emilia Sierra los inapelables preceptos del Codex? ¿Y qué hay de los misioneros misteriosamente reunidos allí? ¿Habían justificado debidamente la causa grave que les llevó a interferir en la vida contemplativa de las clarisas? ¿Estarían conspirando para ocultar tan trascendentes documentos "de las indiscretas búsquedas de un reportero"?

¿O será que la historia fue un poco más prosaica?

Pues sí; los fanáticos del Doom pueden ahorrarse sus consejos a nuestro intrépido reportero, porque la historia fue mucho más prosaica. Los documentos se encontraban donde debían encontrarse: en el archivo diocesano de Santander, sito en un edificio anexo al convento de Clarisas de Santillana del Mar, y cuya archivera resulta ser sor Emilia Sierra. Iker Jiménez llegó cuando el archivo estaba ya cerrado y la amabilidad de sor Emilia no llegó al extremo de incumplir la clausura papal, sino tan sólo a franquearle el paso al locutorio del convento y ocuparse ella misma de la búsqueda de las actas. Así lo dedujeron los colisteros y así lo confirmó después Iker Jiménez: 

"A mi me avala la archivera del convento de clarisas, la descubridora de las dos actas, la experta que me verificó el asunto. ¿no quieren darse cuenta que fui yo el primero en hacer que Sor Emilia me demostrase la total autenticidad de las actas?¿ no quieren darse cuenta de que la principal verificación la hicimos cotajando los dos actas con las del resto de la familia? ¿ no quieren darse cuenta e que la monja tiene un registro indice hecho en la parroquia de cada una de las actas de los de la Vega? ¿ no quieren darse cuenta de que yo he estado en contacto con Sor Emilia durante la primera quincena entera de MArzo y de que cualquier fallo hubiera sido subsanado con la misma celeridad con la que me envio copia de las actas que yo no tenía y con los índices de los registros? ¿ no quieren darse cuenta de que a mi me da igual sacar solo las del pez, como sacar las de toda la familia Vega ?" (mensaje de 4 de mayo de 1997). 

"Yo no he dicho que el archivo diocesano este en el convento. He dicho que está en el mismo edificio. A ver si lees bien, colega ¿ y van...? Yo no pisé el archivo diocesano. El libro, las actas...fotografíe todo en esa salita entre rejas que tanto te gusta. Y llegue cuando el Archivo ya cerraba sus dependencias. La propia Sor Emilia tuvo que interrumpir la reunión con los misioneros para ponerse manos a la obra y intentar buscar en los libros de Bautismos y defunciones." (mensaje de 27 de abril de 1997). 

Pues eso. Sobran comentarios. 

Bueno... ¿y el resto de la investigación? ¿Fue tan emocionante como dice el artículo? Recordemos. El reportaje comienza con un Iker Jiménez que persigue incansablemente al párroco de Liérganes, D. Antonio Fernández. Encontrándolo por casualidad, consigue sonsacarle que las actas están "entre las húmedas paredes de un convento de clausura". ¿Lo recuerdan? Esto sucedía a las 16:05 horas del 7 de marzo. Desde allí sale zumbando para el convento, "apostando por aquella remota posibilidad de dar con las actas" (sic).

Dramático relato. Queda un tanto descolorido si tenemos en cuenta que la trascendental revelación del párroco se limitaba a explicar a Iker Jiménez que las actas se encontraban en su correspondiente archivo, como Dios manda (y nunca mejor dicho); claro que esto hubiese deslucido el reportaje. Y el artículo hubiese resultado aún menos dramático si Iker Jiménez hubiese revelado en la revista el detallito que se le escapa en el mensaje de 4 de mayo de 1997: "pues por una 'coincidencia' yo llegue a saber el sitio exacto donde estban la actas..pero eso queda para mi. Faltaría más".

Esa coincidencia... ¿es el tropiezo con el "esquivo párroco"? ¡Pues no! Iker Jiménez dice en el mismo mensaje que sor Emilia empieza a buscar por los libracos... "depues que saque la carta-copia que tengo del párroco Joaquin Lopez donde se explica la situación y detalles de las áctas dentro del registro". De modo que ya tenemos algunas conclusiones más: Que Iker Jiménez no violó en ningún momento la clausura del convento de las Clarisas, porque los documentos no estaban en el convento, sino en el Archivo Diocesano anexo al mismo. Que Iker Jiménez no supo del paradero de las actas gracias a su encuentro con el "esquivo párroco" (aunque quizá gracias a ese encuentro se enterase de dónde está el archivo diocesano de Santander). Y que la angustia con la que Iker Jiménez se dirigía al convento estaba "ligeramente" aminorada por el hecho de que el propio Iker Jiménez conocía con anterioridad la ubicación de las actas

 

El acta de defunción... del caso del "hombre pez". 

Hemos visto que el acta de bautismo no es de Francisco de la Vega. Que la nota en el acta de defunción donde se afirma que Francisco de la Vega era el "hombre pez" es muy posterior al acta. Que Iker Jiménez "descubrió" unas actas ya descubiertas y perfectamente descritas con anterioridad. Que el propio Iker Jiménez disponía de documentación que le indicaba la "situación y detalles" de las actas. Y que su relato de su investigación está... digamos que "un poco dramatizado". ¿Que deducimos de todo eso? Pues que, definitivamente, Iker Jiménez no demuestra la existencia del "hombre pez". q.e.d. El resto de las conclusiones las puede tomar cada uno por sí solo, ¿no?

Y creo que la cuestión podemos dejarla aquí... al menos de momento, puesto que en alguna ocasión Iker Jiménez ha indicado su intención de escribir una segunda parte de su artículo. Mientras ésta llega (o no llega), mi buzón de correo electrónico está abierto a cualquier intervención sobre el asunto. 

Nota: Para ser sinceros, no reproduzco los mensajes de Iker Jiménez a la lista con toda exactitud: confieso que, para mayor claridad, he eliminado la repetición del texto en formato HTML con la que nos obsequia al final de cada mensaje, y he intentado no reproducir algunas expresiones más o menos subidas de tono. 

 

Este comentario sobre el hombre-pez ha originado dos curiosas "codas" que creo pueden ser interesantes.

 

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III/2004