Los Incunables

 

llá por 1979 la editorial Álvarez de Zaragoza publicaba una novela titulada Bases de ovnis en la Tierra. Su autor era Douglas O'Brien, pseudónimo tras el que se ocultaba un Javier Esteban de tan solo diecinueve años de edad. La novela contaba cómo el autor había sido un agente de la CIA, encargado durante años de ocultar casos de ovnis e incluso acallar expeditivamente a quienes supieran "más de la cuenta". Todo un Expediente X con veinte años de antelación. 

A lo mejor podría haber llegado a ser un gran éxito, como lo ha sido la serie norteamericana. Desde luego, su argumento era tan fantasioso como los Expedientes X o más. Pero... ¡ay! Eran tiempos duros para el negocio editorial, y la empresa quebró cuando sólo había distribuido un par de centenares de ejemplares. En este punto, la novela podría haber seguido el mismo camino de olvido que tantas otras obras de la ciencia ficción española de aquel período. 

Pero no fue así. 

 

Nace una leyenda. 

Suena un poco "fuerte", pero es cierto: a raíz de ese suceso nació una leyenda. Lo que no era más que una novela fue tomada como un trascendente documento por las firmas más destacadas de la ufología española, y, por regla general, se creyeron que lo contado en la novela era real. En algunos casos llegaron a apropiarse de los casos que Javier Esteban había ido inventando, e incluso cierto periodista de campanillas los contaba como "procedentes de sus fuentes militares norteamericanas". En fin... podría contar la historia completa, pero el el propio Javier lo cuenta muy bien en su artículo La verdad está ahí fuera, y el amigo SamSagaz lo hace mucho mejor de lo que yo podría hacer en su extraordinario THINK! Project, que recomiendo vivamente a todo el mundo. Sus secciones Nuestro hombre en Zaragoza y El espía adolescente contienen interesantísimos datos sobre la novela y sobre el proceder de los más notorios caraduras de la ufología hispánica. 

El ridículo en el que han incurrido ha movido a un discreto silencio a la mayoría de los ufólogos españoles. Pero Bruno Cardeñosa no ha podido contener su inquieta pluma, y hace más de una alusión a Javier Esteban y su novela en su impresentable artículo Infiltrados: ufólogos a sueldo. Y Javier Esteban, abrumado por la dramática petición que Bruno Cardeñosa le hace, ha decidido contar toda la verdad. Y ha tenido la amabilidad de permitirme publicar su confesión en mi página. 

Aquí la tenéis. 

Lo confieso.

El autor de "Bases de ovnis en la Tierra" cuenta toda la verdad.

Por Javier Esteban

 

Por si aún hay alguien que no lo sepa, yo escribí una novela en el año 1979 titulada "Bases de Ovnis en la tierra". La trama de la novela se basaba en las canalladas que hacía la CIA para denostar y perseguir a los investigadores de los platillos volantes y narraba la biografía de un ex agente de la CIA. Afamados ufólogos se creyeron que los datos que aparecieron en la novela eran ciertos y los usaron en diferentes artículos como si los hubieran obtenido gracias a su especial actividad investigadora. ¡Que risa! 

Los expertos ufólogos "de campo", cuando se ha descubierto el pastel, han quedado con el culo al aire y en vez de aceptar con dignidad el "honroso" título de tonto de las galaxias; en vez de callar y esperar que todo pase al olvido, se han propuesto una Cruzada: hacerme confesar la verdad. Necesitan hacerlo para poder demostrar que ellos no son tan tontos como aparentan, sino que yo, el autor de la novela, estoy actuando bajo presiones e intereses inconfesables. ¡Toma castaña!

 Una prueba de lo que digo la tenemos en el artículo "INFILTRADOS: UFÓLOGOS A SUELDO" publicado por la revista MÁS ALLÁ en febrero de 1997. Este artículo, firmado por la pluma del inefable "investigador" Bruno Cardeñosa, narra muchas cosas estrafalarias y divertidas sobre mí. Después de haber leído detenidamente el artículo estoy firmemente convencido que la prometedora carrera de Bruno Cardeñosa, dentro del periodismo de investigación, nos va a dar momentos de gran esplendor. De momento, todo apunta a que va a ser aspirante a dos cosas: una, al próximo premio Pulitzer de lejanos mundos, y otra, a ser el hazmerreír de los terrícolas. Bruno nos demostró, de forma fehaciente, que tiene una capacidad investigadora fuera de lo normal, casi anormal. Nuestro amigo Bruno escribió mucho y variado y lo escribió en ese tono confuso que emplean los buscadores de lo que nadie ve. Tras un análisis profundo de sus alucinaciones y después de un recuento de la sarta de insensateces que decía sobre mí quedó patente su deseo: él espera que la publicación de su artículo me incitará a contar la verdad. 

 

La verdad empieza a salir a la luz

Empecé a contarla, unos días después de la publicación del manifiesto de incompetencia investigadora de D. Bruno Cardeñosa, en una entrevista que me hicieron Terelu Campos y Miguel Ángel Almodóvar para el programa "Día a Día" de TELE 5. En principio, lo que fue una entrevista iba a ser un debate entre alguien que representase a la revista MÁS ALLÁ y yo. La "valentía" de los responsables del MÁS ALLÁ les hizo declinar el ofrecimiento del programa "Día a día". Yo lo lamenté, y el debate se tuvo que convertir en una entrevista para tratar el tema del artículo, en el que Bruno Cardeñosa me identificaba como infiltrado a sueldo en la ufología y sandeces parecidas. En la entrevista quedó patente la estupidez manifiesta y vigorosa de la que hacen gala los colaboradores del MÁS ALLÁ. Todo aquel que vio la entrevista quedó convencido que tanto Bruno Cardeñosa como la dirección de MÁS ALLÁ habían hecho el más difícil todavía: LA MADRE DE TODOS LOS RIDÍCULOS; él por las tontadas que se creyó al confundir una novela con la realidad, y los de la revista por demostrar una competencia periodística apropiada para gente que rebuzna. El resumen de la entrevista se puede encontrar en la frase lapidaria que pronunció Miguel Ángel Almodóvar al término de la misma: "Si existen extraterrestres, están en el MÁS ALLÁ". Después de la emisión de la entrevista, la dirección del MÁS ALLÁ envió un telefax al programa de televisión para protestar por el trato recibido y también, ¡vaya morro!, para afirmar que no se les había invitado al programa a debatir conmigo. A mí me consta que uno de los colaboradores del programa de televisión les llamó para invitarles, advirtiéndoles de mi presencia. Sea como fuere, hay una prueba irrefutable de que MÁS ALLÁ no tuvo el valor de debatir conmigo, y es la ausencia de comentario alguno sobre lo que aconteció en aquel programa. La Dirección de la revista MÁS ALLÁ, haciendo gala, una vez más, de su afán por no ocultar nada a sus lectores, no ha publicado nada, hasta el día de hoy, de lo que pasó aquel día ante las cámaras de televisión. ¿Les da miedo? ¿Les da vergüenza? 

Antes de comentar tanto el contenido del artículo de Bruno Cardeñosa como la incompetencia y cobardía de la dirección del MÁS ALLÁ, me parece conveniente fijar posiciones en cuanto a la opinión que me merecen los desvelos investigadores de esta revista, de otras revista de corte similar, y de los que colaboran con ese tipo de publicaciones. ¿Merece la pena preocuparse en discutir racionalmente las tonterías? Para nadie resultará un secreto que mi forma de ver el gallinero de los ufólogos y de otras chorradas esotéricas asociadas se basa en un silogismo, a la vez simple y a la vez contundente: si el que cree en Cristo es un Cristiano, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que es un majadero quién cree en majaderías. Por consiguiente, actuando coherentemente, los majaderos necesitan una ciencia que sistematice su conocimiento e investigación, para lo cual han creado una nueva rama del saber humano. Como esa "ciencia" está aún en sus primeros balbuceos, voy a aportarles, de forma desinteresada, un nombre para la misma: la MAJADEROLOGÍA. 

Una vez establecida la existencia de una creencia y una ciencia para su estudio surge un problema al resto de la sociedad. ¿Cómo aprovechar ese torrente de "sabiduría" que nos ofrecen los majaderos para nuestro disfrute y el de generaciones venideras?. En este tema hay discrepancia de opiniones entre la sociedad. Unos optan por el desprecio más absoluto. Otros, simplemente, nos reímos a mandíbula batiente. Y el resto, los menos, tratan que los majaderos opten por abrir su mente a un conocimiento más cercano al mundo que nos rodea. Todas las opciones son igualmente respetables, pero es quizá esta ultima la que más quebraderos de cabeza da a sus promotores, ya que constatan una y otra vez lo estéril de sus esfuerzos. NOTA DE YAMATO: Como mi postura suele ser la tercera, confirmo totalmente la impresión de Javier Esteban: da un montón de quebraderos de cabeza y suele ser prácticamente imposible conseguir resultados. Pero, en fin... uno es un poco Quijote... 

.Resumamos, pues, que todo el debate se centra única y exclusivamente en como se debe tratar a un majadero y en decidir si se debe perder el tiempo en analizar de forma coherente las majaderías. Mi posición personal está muy clara, y para explicarla voy a ilustrarla con un ejemplo, claro y sencillo. Considero una pérdida de tiempo explicar a los burros la cantidad de proteínas y de hidratos de carbono que deben consumir diariamente para llevar una dieta equilibrada; lo que quieren los burros es alfalfa. Por tanto, y por analogía, llego a la conclusión de que considero inútil tratar de enseñar a los majaderos a usar su capacidad mental; lo que quieren los majaderos es devorar literatura absurda y hacer conjeturas inverosímiles. Lo único razonable que puede hacerse es elevar una queja al Ministerio de Educación o a quien corresponda para tratar de evitar, en lo sucesivo, la proliferación y crecimiento de esta ola de estupidez que nos invade.

 Los majaderos tienen derecho a serlo. Todos nosotros vivimos en un estado de derecho en el que la libertad de creencias está garantizada por la Ley. Creer en majaderías es un derecho que todos podemos ejercer con libertad y que están en la obligación de respetar los que renuncian a semejante honor. Ahora bien, la libertad del majadero, de expresarse pública y libremente, tiene sus obligaciones. Ciertamente los majaderos tienen garantizada la práctica de sus derechos por Ley, pero están obligados a respetar la libertad de quienes no quieren ser majaderos; en consecuencia están obligados a no imponer a las personas cuerdas sus creencias y sus manías. Los majaderos deben comprender, aunque les cueste, que sus alucinaciones no deben ser obligatorias para la articulación de nuestra sociedad. 

La cruzada que están llevando a cabo los majaderos de pretender establecer algo parecido al "nihil obstat" a todas las actuaciones de nuestra sociedad es lo que está obligando a muchas personas a enfrentarse a esa especie de tonto-teocracia que pretende alzarse con el poder político. Pero no nos alarmemos, al menos de momento: lo que nos salva es que los majaderos son, de forma coherente con su nivel intelectual, unos auténticos majaderos. En el pecado llevan la penitencia ¿Se imagina alguien lo que representaría para nuestra sociedad que alguno de los cantamañanas que ejercen de redactores del MÁS ALLÁ tuviera la responsabilidad de dirigir el Ministerio de Obras Públicas? ¿Qué harían? ¿Autovías a otras dimensiones? ¿Prepararían profesores especializados para la enseñanza de idiomas a los tomates?  ¿Y si un redactor del MÁS ALLÁ llegase a ser ministro de sanidad? ¿Crearían la especialidad de dentistas homeopáticos? En fin, si lo pensamos bien, se le pueden poner a un calvo los pelos de punta. 

Pero sigamos. Una vez expuesta mi posición ante el fenómeno del que viven las revistas alimentando las majaderías y que mueve a algunos a ser profesionales de la investigación de las tonterías, creo que sí debo perder el tiempo en aclarar algunos de los rebuznos intelectuales que estos profesionales han hecho sobre mí. Como decía líneas arriba, yo no creo necesario explicar a un burro como llevar una dieta equilibrada en su alimentación. Sigo siendo coherente con esa idea, pero, como todos ustedes comprenderán, esa línea de conducta debe revisarse si constato que el burro pretende explicarme las ventajas que se obtienen al preparar la alfalfa con salsa de tomate para no perjudicar el medio ambiente y el ecosistema. Hay momentos en la vida en los que es preciso modificar posturas. Rectificar es de sabios. Hay momentos en los que es necesario, aunque sorprenda, explicar al burro que el impacto medio ambiental de la preparación de la alfalfa con la salsa de tomate no es preocupante, pero, eso sí, de una forma sencilla. Tanto que, incluso, una mente poco preparada para efectuar análisis racionales sea capaz de entender. 

 

Empieza la confesión. 

Vamos a entrar en detalles. Empezaré por analizar la actuación de la revista MÁS ALLÁ, que ha consistido en consentir la publicación de una sarta de tonterías, en no atreverse a sostener su actuación en público, en callar cobardemente que habían hecho el memo y no decir a sus lectores que se les rió toda la audiencia del programa de televisión "Día a día" de TELE 5. ¿Se pueden pedir más incoherencias, más pruebas de "valentía" y más demostración de incompetencia periodística? Lo dudo. 

Y ahora vamos a analizar el artículo de Bruno Cardeñosa. En primer lugar debo manifestar que estoy satisfecho de que una novela que yo he escrito haya tenido, en sus escasos lectores, un efecto tan devastador. Esto es un síntoma de que he logrado cautivar e interesar los pocos lectores a los que les llegó. ¿Puede un autor de una novela estar descontento con ese resultado? Yo desde luego no. 

En segundo lugar, me debo hacer responsable, en la parte que me corresponda, del trastorno mental que ha ocasionado la lectura de mi novela. En consecuencia, debo ser generoso en mis críticas hacia mis trastornados lectores y adoptar una postura mucho más comprensiva que la que puedan tener otras personas. Por lo tanto, animo a ustedes a llevar a cabo una crítica más feroz con este contubernio de cantamañanas. 

Y en tercer lugar, debo agradecer a la revista MÁS ALLÁ y a sus colaboradores, Carballal, Cardeñosa y otros, sus intentos de exigirme confesar la "verdad", ya que gracias a sus "investigaciones" han logrado que mucha gente haya podido comprobar ni capacidad como novelista. No puedo olvidarme, además, de los momentos de diversión que me han procurado ante tanto disparate publicado. Aunque, ahora que lo pienso, estos disparates me han causado un quebranto económico pues he tenido que visitar repetidamente al urólogo a causa de padecer síntomas de incontinencia urinaria por causa de la risa incontrolada producida por la lectura de las burradas escritas por los ufólogos. Debería plantearme seriamente entablar un pleito civil para exigir a estos cantamañanas que me abonen los gastos causados en el consumo de dodotis y las facturas del urólogo. Si hay entre los lectores algún abogado le agradecería que me preparase un dictamen para estudiar este asunto con detenimiento. NOTA DE YAMATO: Intentaré hacerlo cuando se me pase la risa. 

Hechas estas puntualizaciones, sí debo decir una cosa en favor de Bruno Cardeñosa, y es que no ha tenido la indecencia de apoderarse de citas de mi novela y publicarlas en artículos sin citar la procedencia. Plumas más ilustres de la ufología no pueden decir lo mismo. 

Por lo tanto, ante estos hechos se me plantea una duda monumental. Por una parte tengo que estar agradecido por las razones expuestas anteriormente, pero por otra tengo que soportar, de forma cíclica, que unos individuos que han hecho gala de tener sus facultades mentales perturbadas, me estén vituperando cada vez que tienen una crisis mental. ¡Paciencia! Voy a decir la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad, tal y como me pedía Bruno Cardeñosa en su artículo, pero mucho me temo que en realidad no quiera oírla. Los ufólogos tienen la manía de exigir que se les diga la verdad pero ocurre que, cuando complaces sus deseos, constatas que se enfadan. Curioso. 

Y no es de extrañar este comportamiento, ya que la lógica no funciona, en el cerebro de estos individuos, de una manera lógica. Síntoma claro de la conducta de los majaderos: si les das lo que piden, mal, y si no se lo das, peor ¿De qué nos extrañamos, pues? 

Yo ya de nada. Confieso mi falta. He escrito una novela y la auténtica verdad es que todos los ufólogos que han creído que la novela "Bases de Ovnis en la Tierra" estaba basada en hechos reales han demostrado ser unos "listos" de capirote. La novela, por si hay todavía alguien que no lo sepa, comienza con la historia de un agente de la CIA que en el año 1966 estaba por el mundo dando vueltas, matando ufólogos y narrando los disparates más inverosímiles. El autor de la novela, que soy yo, tenía en ese año la edad de 8 años. Parece claro que, ante un hecho tan palmario, es imposible que alguien en su sano juicio sea capaz de creer en la verosimilitud de la historia; incluso gente con trastornos psicológicos de cierta importancia tendrían dificultades en creer el contenido de la novela. Pero ilustres plumas de la ufología, respetados y elevados a los altares por las revistas de temas misteriosos, creyeron ese contenido a pies juntillas. ¿Debo estar enfadado por ello? Yo creo que no. 

¿Cuál es la misión de un novelista? En mi opinión, inventar historias. ¿Y que ha ocurrido? Pues precisamente eso: que he inventado historias y he editado las mismas. ¿Qué pasa? ¿Es delito escribir novelas? ¿Es delito lograr que un editor te publique una novela? Creo que no. Para escribir una novela hace falta ingenio y gracia; para editarla hace falta paciencia y capacidad de convencer a un editor de que puede ganar dinero. ¿De que puedo ser acusado? Cualquiera sabe. Como es evidente que escribir novelas no es un hecho vergonzante, lanzo una pregunta: ¿cree alguien en su sano juicio que se deba acusar a los creadores de la película "Alien" de algo? Sinceramente pienso que no. ¿Qué está pasando, pues, para que estos energúmenos estén enfadados conmigo y organicen una campaña para hacerme confesar la verdad? ¿Tal vez un exceso de consumo de bebidas alcohólicas? ¿Tal vez incompetencia en el uso del destornillador para ajustarse los tornillos de la cabeza? ¿Tal vez que las novelas y los tebeos son su fuente de investigación? Quién sabe. Yo tengo la sospecha, bastante fundada, de que lo que sucede es que son unos burros y no llevan esa condición con la debida gallardía. 

La verdad es que Bruno Cardeñosa se ha metido él sólo en la boca del lobo. Ha leído una novela y le ha gustado. Ha querido creer que lo que se relataba en la novela era cierto. En definitiva, ha confundido el tocino con la velocidad y ¿qué ha hecho? Pues dar voces a todo el mundo para que se enteren. Presumir de que ha confundido la realidad con la fantasía. Como dice un conocido refrán: en boca cerrada no entran moscas.  El señor Cardeñosa tiene vocación investigadora, de eso no cabe duda, pero a la vista de cómo lleva las investigaciones parece que en vez de estar imitando al agente 007 está imitando a Mortadelo y Filemón. ¿Habrá aprendido a investigar por correspondencia? 

Cardeñosa es fruto de tu tiempo; ha leído la trama de los G.A.L. en los periódicos y se ha puesto a soñar despierto. Observó el comportamiento del famoso Juez Garzón con los implicados en el caso G.A.L. Y se ha creído que él ha sido nombrado algo así como el juez instructor de la Sala de lo extraterrestre y los misterios del Tribunal Supremo; y se ha puesto a instruir un sumario descomunal para descubrir quién es la X de todo el entramado que está oculto para esconder a la humanidad la existencia de los platillos volantes. Cardeñosa se ha creído que MÁS ALLÁ es el periódico EL MUNDO, y que puede tratar a los miembros de A.R.P. y mí como Garzón trató a Amedo y a sus amigos. En definitiva, Cardeñosa ha demostrado una total incapacidad para llevar a cabo una investigación al nivel de un jardín de infancia. De momento no me consta que ni Cardeñosa ni cualquier otro ufólogo crean que Mario Conde esté implicado en la trama, pero demos tiempo al tiempo, ya que con los ufólogos nunca se sabe. 

 

Conclusión 

A Bruno, como a muchos ufólogos, le conviene relajarse, tomarse la vida con más calma. Sé que la verdad duele, pero al Sr. Cardeñosa le digo que mire a tu alrededor: ¿qué ha hecho la dirección de MÁS ALLÁ cuando han visto que han hecho el tonto? Pues callarse y pensar que con una vez que los pongan en ridículo ya es suficiente. ¿Qué ha hecho otro insigne investigador ufológico, famoso en todo el mundo hispano, y escritor afamado y de éxito? Pues callarse y no decir ni pío. La verdad duele pero hay que aceptarla cuando se va pidiendo a gritos. Sr. Cardeñosa: deje usted de hacer el ridículo y dedíquese a cosas más serias. Ha hecho el tonto una vez. No siga; no vaya a por la matrícula de honor. Si quiere hacer algo por la humanidad, lo más sensato sería que se fuera al tercer mundo a ayudar a los necesitados; así podrá aprovechar el tiempo y no perderlo en tonterías. Cuando madure me agradecerá este consejo. 

Esta es la confesión a la que he sido incitado por el artículo publicado en la revista MÁS ALLÁ. Confío en que esta confesión habrá servido para algo.

Este artículo es propiedad del autor. Prohibida su reproducción sin su autorización expresa.

 

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